El refri vacío y mi Megacabrorefri.

249403DD-8C6B-4806-9AF9-1BF324571549Lucy es una de las colaboradoras del Desarrollo. Lleva ya unos 20 años con nosotros y el otro día que la vi, recordé cuando hace unos años me dijo que yo no podía dejar de aceptar probar unos tamales que recién había hecho en su casa.

“Es más, mañana a las 6 de la tarde lo espero en mi casa para que pruebe que ricos me quedan los tamalitos. “

Lucy acababa de perder a su hermana y estaba viviendo una etapa muy difícil. Así que no pude negarme y al día siguiente atravesaba  brincando sobre unas rocas para pasar sobre un pequeño riachuelo que se había formado frente a su casa. La noche anterior había llovido en serio.

La casa era muy modesta. Construida de tablones de madera y con piso de tierra. Eso sí, muy bien barrida. Lucy me recibió muy sonriente y le pedí permiso para usar su baño.  Cuando abría la puerta del baño, me di cuenta de que sobre la cama de la recámara estaba una pequeña montaña de ropa.

Cuando le pregunté a Lucy, me dijo que lo que había pasado es que la noche anterior el agua había terminado tirando el techo de la recámara y que se había mojado todo. Pero que lo bueno es que ya no se había tenido que bañar en la mañana siguiente. Solo había sacado el shampoo y había aprovechado para bañarse.

Se reía a carcajadas de su comentario y yo no sabía si reír o de plano le había afectado el agua fría .

Sin darle nada de importancia me llevó a una pequeña mesita y sentándome sobre un banquito me sirvió dos tamales que se veían buenísimos.

¿Y tu Lucy, no vas a querer un tamal? “Aaaay Inge, como llegó usted ya tarde yo ya me comí los míos.”

Así que quitando las hojas, me disponía a entrarle a los tamalitos. Vi el refrigerador a unos pasos de distancia, así que parándome rápidamente caminé hasta el refrigerador y abrí la puerta para tomar un poco de crema. Siempre le he puesto crema a mis tamales.

Todavía me acuerdo de mi cara, de mi sorpresa y de mi alma cuando vi el interior del refri. Solo había un platito con media sardina. No había nada más. Absolutamente nada más.

Lucy no demostraba nada de lo que sentía y a mi se me caía la cara de vergüenza.  Me daba lo que no tenía. Vivía realmente una pobreza enorme.  Pero al mismo tiempo era feliz, no pedía nada y no se quejaba de nada.

A duras penas pude comerme el tamal. Pensaba en la verdadera generosidad. Pensaba sobre las terribles diferencias que existen y que permitimos. Veía a esta mujer con tantos sufrimientos, tantas necesidades y al mismo tiempo tan contenta y hasta plena.

Su refri estaba vacío. Su corazón y su alma estaban llenos.  Por unos instantes me sentí frente a alguien santo. Por unos instantes aluciné que descubriría mi pobreza interior en tantos frentes.

Regresé a la seguridad de mi camioneta, de mi suite en la playa. De mi jerarquía para con la gente. De la confianza en mis tarjetas de crédito.

Aquella noche se movió algo profundo en mi. Algo que me convertiría en una persona un poco más diferente a la que fui antes de visitar esa casa.

Hoy sigo luchando por ser un poco más como Lucy. Por disfrutar lo que cada día me da. Por no quejarme de cosas sin importancia. Por agradecer todo lo que si tengo. Por ser cada vez más generoso. Por no dedicar tanto de mi vida a llenar ese refri que siempre termina vaciándose.

Esta semana pasada, Lucy me saludaba mientras yo pasaba con la “comitiva real” y veía una chispa en sus ojos.  ¿Que me diría si ella fuera la de las meditaciones?

¿Qué tanto se dedica usted a llenar su refri mas que a llenar su alma?

¿Qué tanto ha compartido de verdad lo que el destino le ha regalado en su megacabrorefri con otros que no han sido tan afortunados?

¿Qué tanto voltea a ver a los que realmente lo necesitan?

¿Qué tanto agradece por todo lo que ha recibido?

Afortunadamente sigo pensando que es una santa. Y los Santos no dan lata a nosotros los no santos.

Saludos

JOF

2 comentarios sobre “El refri vacío y mi Megacabrorefri.

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