Lo fácil hace que perdamos la vida…

Elderly man sitting on a rock holding hands with an elderly woman standing with a cane, on a cliffside path overlooking the ocean at sunset

El velorio estaba en silencio. Un silencio más que incómodo… pesado. De esos que no se llenan con palabras.

Elderly woman sitting with eyes closed beside a flower-covered casket in a funeral setting

Lucía estaba sentada en una de las sillas del fondo. Tenía 60 años… pero ese día se sentía más grande. No lloraba. Solo miraba. El ataúd. La gente. Las flores. Y de pronto… su vida empezó a pasarle por dentro.

Había sido una buena vida. Eso pensaba. Una familia bien. Hijos adelante. Casa, rutinas… Nada extraordinario… pero nada malo. Y sin embargo… había algo. Algo que no sabía nombrar… pero que ahí estaba. Como una sensación de que algo se le había ido.

En medio del silencio, su mente hizo una pregunta incómoda: “¿De verdad viví… o solo fui pasando los días?”

Recordó cuántas veces había dicho: “Luego lo hago…” “Cuando tenga tiempo…” “Mañana…” Recordó conversaciones que nunca tuvo. Abrazos que se guardó. Momentos en los que estuvo… pero no estuvo. Y entonces entendió algo que nunca había visto con claridad: No fue falta de amor. Fue… distracción.

Su vida no se había perdido en grandes errores. Se había diluido… en lo fácil, en lo automático, en lo cómodo, en lo inmediato. Pensó en su día a día. El celular. Las series. Las pequeñas cosas que llenaban el tiempo… pero no el alma. Y por primera vez lo vio así: No era descanso. Era escape.

Sin saber por qué, recordó algo que había escuchado alguna vez: Que el cerebro no está diseñado para la grandezasino para sobrevivir. Para evitar el dolor. Para buscar placer. Para ahorrar energía.

Y todo hizo clic.

“Por eso no hice lo difícil…” pensó. No porque no pudiera. Sino porque todo en ella… la empujaba a lo fácil. El cuerpo le pedía descanso. La mente le ofrecía atajos. Y el ego… le hacía creer que todo estaba “bien así”.

Pero la vida plena… exige mucho mas…

Se dio cuenta, sentada frente a ese ataúd, que lo fácil no había construido nada profundo. Que lo fácil no la había transformado. Que lo fácil… no deja huella.

Y por primera vez en mucho tiempo… sintió miedo. No a la muerte. A no haber vivido de verdad.

Volvió a ver el ataúd. Y en lugar de pensar en la persona que se había ido… pensó en ella. En lo que aún podía ser. En lo que aún podía cambiar. No podía recuperar el tiempo. Pero sí podía decidir qué hacer con el que quedaba.

Two diverging paths: rocky bright summit, easy dark fade

Y entonces lo vio claro. Su vida era el resultado de

No estar presente.
No decir lo importante.
Postergar el amor.

El cuerpo que tenía… era el resultado de lo que eligió cada día.

Sus relaciones… eran el reflejo de su presencia… o de su ausencia.

Su vida financiera… no era mala suerte… era consecuencia. Decisiones cómodas. Falta de disciplina. Cero constancia.

Pero hubo algo que le dolió más que todo.

Su relación con Dios.

Ahí no había forma de disfrazarlo. El poco tiempo. La poca entrega. La poca profundidad. Una relación superficial…

Y eso… le rompió algo por dentro.

Se dio cuenta de que había vivido así en todo: sin profundizar, sin incomodarse, sin atreverse. Se levantó despacio. Caminó hacia la salida. Y sin hacer ruido… tomó una decisión. No iba a seguir viviendo en automático. No iba a seguir eligiendo lo fácil. No iba a seguir postergando lo importante.

Cracked stone heart glowing with golden light on rocky ground at night

Iba a incomodarse. Iba a decir lo que tenía que decir. Iba a estar de verdad. Iba a vivir… con intención.

Porque entendió algo que le atravesó el alma:

La vida no se pierde de golpe. Se pierde poquito a poquito… cada vez que elegimos lo fácil.

¿En qué parte de tu vida te estás pareciendo a Lucía?

¿Qué estás postergando que sabes que importa?

¿Qué tan presente estás… en lo que realmente vale?

Elderly man sitting on a rock holding hands with an elderly woman standing with a cane, on a cliffside path overlooking the ocean at sunset

Abrazo equipo!!

Jorge Oca

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