De esposas japonesas ansiosas.

Japón es simple y sencillamente muy caro.  Punto. Mi amigo Patiño me diría que no es que esté caro sino que no me alcanza.

Así que cuando terminó el viaje en Japón; respiré. Seguro que extrañaré como se forman del lado izquierdo de las escaleras eléctricas los dichosos japonecitos y como no entendían como alguien ( yo mero) se ponía en el lado derecho y no avanzaba.

Siempre es bueno un “bully latino” que los moleste un poco.

Eso sí, cuando quisimos ver el fútbol de Mexico a las 11 de la noche en algún bar, simplemente nos dijeron que a esa hora limpiarían y que no era posible. Cuando les comentamos que éramos unos 15 mexicanos y que pagaríamos bebidas, renta y lo que hiciera falta, pusieron cara de espanto. ¡Eso de alterar el orden era impensable!

Uno se maravilla de ese orden y esa puntualidad; pero te dan hasta náuseas cuando son más cuadrados que nada y simplemente dicen: “Soly ( sorry), no se puede”.

Me imagino estar casado con una japonesa.  Mi impuntualidad y desorden le ocasionarían angustia constante y sonante. Claro que si viviésemos en Japón, su seguro médico le cubriría un 70 % del gasto. Lo cual me obligaría a trabajarle más para cubrir y pagar el 30 % restante.

Supongo que no podría convencer a cualquiera de sus amigas “Japs” de que lo tomara con calma. Ellas seguro serían igualitas. Ya las veo haciendo ofrendas en templos Budistas y Sintoístas, pidiendo que el marido “metzicano” cambie sus hábitos y costumbres. Por eso mismo, seguro ha de haber iniciado el Confusionismo.

Dicen que ya hay muy pocos que se hacen el “Jaraquiri”. Aunque a mi la verdad me daría poco de tranquilidad mental estar dormido en el tatami junto a ella y saber que en uno de esos ataques constantes pudiera ir por uno de esos maravillosos cuchillos que nunca pierden el filo y practicar en mi abdomen. Sobretodo porque no habría manera en que fallase.

Aunque en una de esas yo sería el que tuviese esas ideas. Solo oler su eterno aliento a sushi, o escuchar su tono de chillido “geishesco” siento que no aguantaría y probaría el set completo de los filosos “pacifiers” en mi querida esposa japonesa.

Lo bueno es qué hay un buen charco que nos separa de estas tierras amarillas. ¡Que maravilla ser Mexicano! Con algunos contras y por supuesto con todos sus beneficios.

Y por supuesto, que bueno que tengo como esposa a quién me ha soportado por mas de 30 años.

Vamos amigo: ¡¡ Si se puede !!

Saludos

JOF

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