Agradecer lo que sí tenemos

Two boys receiving gifts

Un papá les regaló a sus dos hijos una bicicleta y unos patines. Los dos brincaron de alegría y pasaron la tarde disfrutando sus regalos. Sin embargo, al día siguiente, el niño que había recibido los patines dejó de mirarlos con ilusión. Ahora solamente podía ver la bicicleta de su hermano. Lo que ayer lo había hecho feliz, hoy le parecía insuficiente.

Two boys receiving gifts

José había logrado comprarse, con mucho esfuerzo, su primera motocicleta. Llegó a casa emocionado y orgulloso. Pero al día siguiente vio salir a su vecino Edgar en un pequeño automóvil. En lugar de disfrutar su motocicleta, sintió algo parecido al enojo.

Tiempo después, Edgar estacionó su “carcachita” junto al flamante automóvil de su jefe. De pronto, el coche que tanto trabajo le había costado dejó de parecerle suficiente.

El jefe salió a comer con su familia a su restaurante favorito. Al llegar, vio estacionado en la entrada ese automóvil con el que tantas veces había soñado. Aunque iba acompañado de las personas que más amaba, por un momento se sintió pequeño.

Four men beside a motorcycle and three cars on a coastal road

Pareciera que siempre habrá alguien que tenga algo que nosotros no tenemos: una bicicleta, un automóvil, una casa más grande, un mejor puesto, una pareja aparentemente perfecta, más reconocimiento, más salud o una vida que, vista desde lejos, parece más sencilla que la nuestra.

Cada persona miraba lo que le faltaba, sin alcanzar a ver lo que sí tenía.

¿Por qué nos cuesta tanto valorar lo que sí tenemos? ¿Por qué permitimos que aquello que deseamos nos impida disfrutar lo que ya hemos recibido?

Queremos más posesiones, pero dejamos de cuidar y disfrutar las que tenemos. Quisiéramos que nuestra pareja fuera diferente y olvidamos reconocer todo lo que nos entrega, todo lo que ha soportado y todo lo que hemos construido juntos.

Esperamos que nuestros amigos y compañeros cambien, pero pocas veces agradecemos cuánto nos escuchan, nos ayudan, nos acompañan y hasta nos aguantan. Soñamos con otro jefe o con un trabajo distinto, sin detenernos a valorar todo lo que ese trabajo nos ha enseñado, las puertas que nos ha abierto y las necesidades que nos permite cubrir.

Podemos aspirar a algo mejor. Podemos trabajar, crecer y luchar por nuestros sueños. La gratitud no significa resignación ni conformismo. Significa valorar y no despreciar el presente mientras construimos el futuro.

Cuando vivimos concentrados en lo que nos falta, entramos en la frecuencia de la escasez. La comparación, el miedo, la envidia y el resentimiento comienzan a ocupar nuestro corazón. Entonces, por mucho que recibamos, nada parece suficiente.

Man looking toward neighboring house

En cambio, cuando agradecemos, nuestra mirada cambia. Comenzamos a descubrir abundancia donde antes solamente veíamos carencias. Reconocemos nuestra salud, nuestros dones, nuestros talentos, las personas que nos aman, el trabajo que realizamos, las oportunidades recibidas y hasta las dificultades que nos han ayudado a crecer.

La gratitud no necesariamente cambia lo que tenemos, pero sí transforma la manera en que lo vivimos. Y cuando cambia nuestra mirada, también cambian nuestra actitud, nuestras decisiones y la forma en que tratamos a los demás.

Con frecuencia decimos: “No sabemos lo que tenemos hasta que lo perdemos”. Pero ¿por qué esperar hasta perderlo?

No esperes a enfermarte para valorar tu salud.

No esperes a sentirte solo para valorar a tu pareja, a tu familia y a tus amigos.

No esperes a perder tu trabajo para reconocer lo que te aporta.

Y, sobre todo, no esperes a que alguien más reconozca tu valor. Mírate con gratitud. Mírate con misericordia. Reconoce tus dones, tu historia, todo lo que has superado y la persona en la que te has convertido.

Hoy detente un momento. Mira tu vida con otros ojos. Quizá no tengas todo lo que deseas, pero seguramente tienes mucho más de lo que alcanzas a reconocer.

Man looking toward neighboring house

Valora lo que tienes. Agradece lo que has recibido. Acepta con serenidad aquello que todavía no ha llegado y sigue haciendo tu parte para construir una vida mejor.

Y, sobre todo, dale gracias a Dios por todas tus bendiciones: por todo lo que te ha regalado, por lo que conservas y por lo que hoy puedes disfrutar. Pero agradece también por lo que no tienes, por aquello que no llegó, por las puertas que se cerraron y por las respuestas que fueron distintas de lo que esperabas. Quizá algún día comprenderás que también ahí había amor, cuidado y protección. Dios no solamente nos bendice con lo que pone en nuestras manos, sino también con aquello de lo que nos libra, nos aparta o nos pide esperar.

Vibra alto.

Vibra en gratitud.

Vibra en abundancia.

Vibra en amor.

Y recuerda:

La felicidad no comienza cuando finalmente recibimos todo lo que deseamos, sino cuando aprendemos a reconocer, cuidar y disfrutar todo lo que ya tenemos.

Abrazo equipo.

Jorge Oca

Deja un comentario