La Granja

Era un sábado y recién comenzaba a calentar el sol. Father Johnathan, un sacerdote dedicado a las zonas rurales de algún estado sureño en los Estados Unidos, manejaba su troca mientras silbaba alegremente. Le gustaba ir por estos caminos viendo las diferentes granjas de los que serían, Dios lo quiera, sus próximos asistentes a los diferentes servicios religiosos que él presidiría. Recién lo habían enviado a esta parroquia y como siempre, todo le parecía maravilloso.

Veía a ambos lados del camino pequeñas y modestas granjas. La gente comenzaba sus labores y el saludaba alegremente a todos. De repente vió a su izquierda una granja magnífica. No pudo mas que soltar un agudo y prolongado silbido de admiración. La casa era de verdad espectacular. De dos pisos, sin duda que la habían pintado recientemente y tenía uno de los porches mas grandes y acogedores que el padrecito jamás haya visto. El granero era espectacular y vió que tenía varios cuerpos que habían sido agregados. Los prados estaban cercados con una cerca recién pintada y se veían muchos animales en ellos. Caballos, vacas, borregos y demás. Este hombre debía de ser muy rico sin lugar a dudas…

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Como si lo hubiese llamado, apareció de pronto un hombre manejando un gran tractor. Ya venía de haber trabajado en unas tierras del otro lado del camino.

«Buen día», lo saludo el sacerdote, «Estaba admirando su granja. Acaso usted es el dueño?» El granjero, bajándose del tractor, limpiándose el sudor de su frente y secándose las manos le dió un fuerte apretón al sacerdote y le respondió, «Es correcto, yo soy el dueño de la granja».

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¡Vaya que Dios lo ha bendecido con esta granja tan magnífica! le dijo el sacerdote. El granjero guardó unos instantes de silencio y le respondió, “Es cierto, he sido muy bendecido por Dios, pero debió usted haber visto como estaba la granja cuando la tenía Él solo…»

Sin duda que Dios nos llena de bendiciones en cada momento, pero está en nosotros y sólo en nosotros el lograr tener a «nuestra granja» de la mejor manera posible.

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Nos ha bendecido con «nuestra granja» en nuestro cuerpo, en nuestra mente, en nuestro corazón y nuestro espíritu.

En nuestras relaciones.

En nuestro negocio.

En nuestra relación con Él.

¿Cómo tienes y mantienes tus «diferentes granjas»?

¿Espectaculares?

¿Maravillosamente increíbles?

O mas bien Pedorronas…

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Finalmente son tuyas…

¡¡Buena semana equipo!!

Jorge Oca

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