Seguirte de frente sin reparar en nada.

Recién he escuchado una increíble historia que quiero compartir :

Marisol es una abuelita preciosa de 91 años. Su marido murió hace muchos años y vive sola. Es muy independiente y le gusta hacer las cosas a su manera. No acepta mucha ayuda, no cree en los celulares y aun maneja sola. Hace una semana salió como a las 4 de la tarde y se dirigió a la farmacia a comprar unas cosas que le hacían falta. En lugar de dar vuelta a la derecha donde debería, se siguió derecho y eso la llevó a tomar la carretera que sale de Querétaro hacia San Luis Potosí.

Nunca se supo en que iba pensando o que fue todo lo que pensó en las siguientes horas. Lo único cierto es que la carretera la sacó de Querétaro y luego unos kilómetros adelante, pasó por San José Iturbide, Guanajuato. Luego pasaría San Luis Potosí unas tres horas después – porque no maneja rápido – y siguió manejando y manejando. Pasó por Matehuala y pagó casetas. Ella seguía firme en su destino. Destino que por supuesto no tenía ni pensado ni definido. Aún así, ella iba decidida a llegar.

Photo by Quintin Gellar on Pexels.com

Llegó por supuesto la noche, luego la madrugada y cuando le faltaban unos 70 kilómetros para llegar a Monterrey – habría manejado mas de 10 horas y cientos de kilómetros – el coche se quedó sin gasolina. Bendito Dios. Terminó estacionándose en la cuneta y a los pocos minutos, ya muy cansada, se quedó profundamente dormida.

Su ángel de la guarda estaba exhausto. Había usado todo tipo de trucos, pedido y ofrecido favores a diestra y siniestra y hasta ahora había logrado que su querida Marisol llegase ilesa hasta este punto. 

Sin embargo, a eso de las 4 de la mañana, pasó lo impensable. Una gran pipa de diesel de Mobil venía ya a punto de llegar a Monterrey, cuando Pancho, el chofer, cabeceó del sueño que traía. Había sido una semana terrible para él. No vio “el hondita” gris que estaba estacionado y después de un violento impacto, el honda giró un par de veces en el aire, aterrizando llantas para arriba y la pipa quedó de lado obstruyendo ambos carriles de la carretera.

Pancho salió disparado de la pipa, sabía que podría estallar en cualquier momento. Sin embargo, cuando aún estaba corriendo como despavorido, alejándose a toda prisa, recordó que este viaje, milagrosamente, no había sido de gasolina, sino de diesel. Bendito Dios.

Luego vio como se acercaban unas luces de una patrulla que al parecer andaba por ahí y llegando casi al mismo tiempo, se dispusieron a ayudar a los que venían en “el hondita”. Solo encontraron a una viejecita mayor, delgada, con el pelo muy blanco y milagrosamente aún con vida. Lo que es más, estaba prácticamente ilesa. Bendito Dios.

Photo by Kaique Rocha on Pexels.com

“Y gracias a mí” volvía a decir su angel, quien ya para entonces estaba exhausto.

Photo by Francesco Ungaro on Pexels.com

Marisol le agradeció al patrullero su ayuda y le dijo que si la llevaba a su casa por favor. Cuando el policía verificaba su identificación y le preguntaba que si vivía cerca de ahí, le confirmó que estaba muy lejos de casa.

La ambulancia llegó, el hospital verificó que no tenía nada y su hijo llegaría en avión al día siguiente para regresar a la dulce Marisol a su casa, ilesa y con una gran experiencia más a cuestas.   

Mientras Marisol sigue pidiendo, aunque sea un cochecito pequeño para que siga saliendo a hacer sus compritas, la familia da gracias a Dios que el final de esta historia haya tenido un desenlace feliz.

¿Andas manejando y manejando hacia un destino que no has definido?

¿Eres de los que se sigue de frente sin reparar en nada?

¿Tu angel de la guarda anda trabajando horas extras para que “salgas ileso” en ésta etapa?

Así como Marisol, ¿Eres de los que no aceptas ayuda ni quieres ayudarte para que finalmente no te pase nada?

¿Manejas tu vida con la dirección, automóvil y gasolina necesaria para lograr lo que finalmente quieres?

Me encantaría que me compartieras alguna meditación que a ti te deja esta historia.

Te mando un fuerte abrazo.

Jorge Ocaranza Freyria 

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