La fiesta de muertos.

Don Jorge estaba muy animado. Era una de tantas ánimas que ahora habitaba en el cielo y esta época de muertos le gustaba mucho. Siempre les hacía gracia que los que seguían vivos hiciesen tanta fiesta, tantos altares y tantas visitas a iglesias, nichos y a los diferentes lugares de entierros. Le gustaban las flores, los colores y toda la parafernalia de las fiestas de muertos. Pero lo que realmente le gustaba era “bajar a la tierra” y ver cómo iban los que aún estaban vivos. Los sentimientos eran contradictorios porque por un lado veían a muchos sufrir y andar “en las últimas”, pero por otro lado sonreían porque ya pronto estarían juntos de nuevo. Tantas cosas que tenían para decirles, aconsejarles y sugerirles. Pero la regla no escrita, pero completamente seguida era que no podían modificar nada del libre albedrío de los vivos. 

A nadie ni siquiera se le ocurría el siquiera pensar en poder hacer algo. Ni siquiera es que pudiesen hacerlo.

Era una gran fiesta en el cielo “el bajar” un par de días y ver, sentir y disfrutar a los amigos y familiares. De hecho era una gran fiesta que siempre parecía solo un sueño. De alguna manera las ánimas se veían de pronto entre los suyos en la tierra y luego como que despertaban en su nueva morada y todo parecía un sueño.

Este año sería diferente. El bichito precioso había cambiado todo. Cementerios cerrados, tradiciones interrumpidas y celebraciones pospuestas. Algo que solo pocas veces se había visto. Las ánimas andaban desanimadas si es que eso pudiese ser. Este año “el sueño” sería diferente. Sus amigos y familiares pensarían en que no podrían acompañar a sus muertitos, y curiosamente “los muertitos” se mordían lo que no se podían morder por hacerlos sentir un poco menos mal.

El Patrón sonreía como siempre y ahora tenía una sonrisa nueva. Como si quisiese volvernos a decir que finalmente era nuestro Padre y que estaba con nosotros y que todo va a estar bien. 

Las ánimas que no se desaniman harán este año una fiesta diferente y tendrán como siempre, la confianza de que todo tiene un porqué y un para qué.

Photo by Francesca Zama on Pexels.com

Por lo pronto recordamos con gran cariño y algo de nostalgia a los que se nos han adelantado en este maravilloso camino. En mi caso a mi padre, a mis abuelos, a muchos tíos, a amigos entrañables, a colaboradores muy queridos y comprometidos, a huéspedes y miembros de Pacífica. A tantos artistas, deportistas, malabaristas y también a gente que no necesariamente se destacó por su buen actuar. Lo único seguro es que por allá nos veremos un día de estos. Por lo pronto disfruten de su fiesta de este año. Nosotros por acá nos las iremos arreglando con esto de la sana distancia y de tanta incertidumbre.

Photo by Alain Frechette on Pexels.com

Feliz día de muertos, abrazo a los suyos, a todos los santos y al santo que anda por ahí en nosotros.

Abrazo cariñoso.

Jorge Ocaranza Freyria

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