Jessy y el espíritu de Ramona.

Jessy era una hembra guepardo muy especial. Desde pequeña lo había sido. Era inteligente, noble, pero sobretodo muy eficiente. No podía siendo una guepardo hembra, en esta parte de Tanzania, no serlo. Su misma existencia estaba en juego cada semana. Máxime que era la única hembra del clan de Las Estepas Doradas que había tenido cuatro camadas de dos cachorros y a todos los había criado, educado y convertido en prometedores adultos. Eran hembras como Jessy las que habían logrado hasta ahora preservar esta especie que tanto había bajado sus números en el Africa Septentrional.

Jessy entendió desde joven que tenía una energía, digamos finita durante los días y que si la desperdiciaba, al momento de la verdad, de cuando requiriese de usarla en plenitud, simplemente no alcanzaría a su objetivo y terminaría muriendo de hambre.

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Lo había visto perfecto con su tía Ramona. Vaya que era guapa su tía, con esas orejas tan paraditas y esa cola tan preciosa. Y sus ojos… increíbles. Pero era tan chismosa y conflictiva, que desperdiciaba su energía en andar pensando y propagando todo tipo de cosas y tonterías, que a la mera hora de tener que perseguir a su comida en turno, es que ya no tenía con que sacar lo mejor de ella. Obvio sus cachorros eran los mas flacos que recordara y casi siempre terminaba perdiendo a los dos. Entraba por supuesto en depresión post perdida materna y comenzaba a seguir desperdiciando su energía en todo menos en cazar. La madre de Jessy habría tenido que compartir en infinidad de ocasiones parte de su caza con Ramona. Hasta que casi la acostumbra a vivir del trabajo de los demás. Hábito que es casi pena de muerte para los animales cazadores que dependen de ellos mismos para comer. Finalmente Ramona contraería una enfermedad rara que ningún médico guepardo pudo diagnosticar y menos curar y en una buena lluvia de agosto, fue arrastrada por una creciente y jamás se le volvió a ver.

A Jessy esa experiencia la habría marcado de por vida y era una maestra en manejar su energía. Descansaba mas que bien y cuidaba mucho lo que comía. Su velocidad era lo fundamental, así que mantenía y hacía que sus crías siempre estuvieran ligeros de cuerpo. Enfocaba su mente a lo mas importante para su vida diaria. A detectar, acechar, perseguir y derribar a sus presas. Era implacable para eso.

Cuidaba sobre todo a su mente. Esa mente traicionera que a veces quería robarle tanta energía. Pensando y lamentándose sobre sus fallas del pasado en sus cacerías. Sobre lo que otros miembros del clan le habían hecho o no hecho. Tantos pensamientos que sólo le traían pesar y le quitaban tantísima energía. En esos días en donde ella estaba rumiando o como ella misma se decía “Con el espíritu de Ramona”, normalmente no lograba cazar algo bueno. Tenía que liberar su mente, ver al infinito, respirar y enfocarse en hacer lo que ella sabía hacer tan bien. La mejor lección que podía darle a sus hijos era precisamente esa:

Administra implacablemente tu energía mijo, es lo que hace que hagas tus cosas de la mejor manera. No la desperdicies en andar criticando, lamentándote, preocupándote o hasta soñando en lo que pudiera ser. Tu mente es tan canija que luego hasta no te deja dormir y descansar como lo necesitas. Aprende a decirle a tu mente que tal o cual sueño o pensamiento simplemente NO ES CIERTO y NO EXISTE. Enfócate, hijo querido, en hacer lo que sabes hacer, lo que te gusta hacer y por supuesto que en lo que necesitas y tengas que hacer.

Photo by Ellie Burgin on Pexels.com

Así, comenzando un nuevo día, Jessy iba meneando su cola y llevaba a sus cachorros adolescentes a cumplir con su misión de cada día.

Te deseo que cumplas el tuyo, hoy y todos tus días.

¿Qué tanto estas consciente de que tu energía es lo que logra que finalmente hagas lo que tengas que hacer?

¿Qué tan experto eres en manejarla?

¿Qué tanto la desperdicias en tonterías?

¿Qué tanto vive el espíritu de Ramona en tu día a día?

Abrazo cariñoso

Jorge Ocaranza Freyria

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