El abrazo de Dios.

El sábado pasado tuvimos una boda sensacional. La boda de unos de mis mejores amigos. He ido a muchas bodas en donde pasan cosas digamos diferentes. En unas los novios manifiestan su amor abiertamente y se les ve pegados toda la boda. ¡Qué gusto cuando los novios se quieres así!

Hay otras bodas en donde algún papá o mamá de alguno de los novios está más que feliz. Es muy padre ver a los parientes contentos. En otras mas lo que llama la atención es la decoración, el lugar, el banquete; son digamos lo focal.

Esta boda fue de unos amigos entrañables que se casaban por segunda vez. Ahora lo relevante fue el cariño tan grande  que los invitados manifestábamos abiertamente hacia los novios. Los hijos hablaron sentidamente, Nacho el hermano nos hizo derramar algunas lágrimas. Todos celebrábamos auténtica, abierta y efusivamente esta unión de un par de personas muy queridas que se habían reencontrado con el amor y que nos mostraban claramente cómo el destino les rehacía sus vidas.

Pocas veces había sentido como el cariño y el amor iban creando de manera sinergética cada vez mas cariño y mas amor. Es que el amor se sentía claro y firme. Pocas veces había visto y sentido tantos abrazos tan sentidos. A media bailada me detuve y percibí con claridad el tierno y gran abrazo de Dios hacia los que estábamos ahí.

Su amor había sido liberado por la mayoría y era una gozada sentir y ver la alegría de la gente por los demás. Como si por un breve espacio de tiempo la gente se hubiese olvidado de ellos mismos y se hubiesen volcado hacia los demás. La cadena de amor se manifestaba por doquier.

Estoy seguro que no sólo yo o los más cercanos sentíamos esto.  Éramos cientos que nos sentíamos muy cercanos y sentíamos ese amor que por un breve espacio había salido a sonreír, a abrazar, a besar y a expresarnos lo que seguido sentimos, pero que poco logramos expresar con claridad y sin empacho.

El abrazo de Dios se sintió rico.

El cariño y amor se compartió, se disfrutó y nos divertimos en grande.

¡Qué gran experiencia!

¡Qué ganas de vivir así entre puras celebraciones de cariño y amor!

Comencemos a soñarlas, a generarlas, a dejar volar libre ese amor que luego tenemos encadenado por ahí.

Se les quiere.

Jorge Ocaranza Freyria

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