La Gran Roca

Había una vez una gran roca. En términos generales era una bella roca. Esta roca tenía miles de años y vivía plácidamente haciendo lo que las rocas hacen. Convivía con las rocas de junto y vivía cumpliendo con su misión de roca.  Casi toda su superficie era lisa, solo tenía unas pequeñas fisuras en uno de sus lados.

Durante los milenios de vida que tenía la roca, algunas veces se había depositado algo de tierra en alguna de esas ranuras. Pero nunca había sucedido nada más. El agua se había llevado la tierra y la piedra seguía disfrutando de su esencia de piedra.

Sin embargo, un buen día ocurrió lo inimaginable. Una serie de eventos se conjugaron y  la vida de la piedra cambió. Un pájaro carpintero había estado comiendo uno de sus manjares favoritos; semillas de abeto. Volaba plácidamente de regreso a una de sus casas preferidas en lo alto de la cordillera, cuando de repente una ráfaga de viento descomunal lo aplastó fuertemente contra una gran y bella roca. Para su mala suerte cayó de cara contra la roca, pero curiosamente su pico quedó clavado en una pequeña ranura que la roca tenía. Tuvo que forcejear para soltarse y dejar parte de su almuerzo derramado en esa gran y bella roca.

Una de las semillas de abeto quedó depositada en la ranura y como tenía algo de tierra, la semilla germinó. Sus pequeñas, pero fuertes raíces crecieron y fueron penetrando la ranura de la roca. El pequeño retoño creció y se convirtió en un diminuto arbolito. Ese arbolito, también por una serie de eventos fortuitos, fue creciendo con los años. Sus raíces se fortalecieron y encontraron la manera de seguir creciendo y al poco tiempo un buen árbol se formó.

La roca ya no era la misma que había sido. Ya tenía a un buen árbol formando parte de ella. En miles de años no había sucedido esto. Hubiera perdido todo apostando a que esto no sucedería. Sin embargo aquí estaba la muestra de que una vida muy bella podía, de hecho desarrollarse en esta gran roca.

La probabilidad de que esa semilla hubiese nacido en ese lugar rocoso era en realidad muy baja. La probabilidad de que la roca cambiase o algo externo llegara a modificar sustancialmente su ser era todavía menor. El árbol creció muy pero muy grande y en las estaciones soltó semillas y mas semillas. Estas semillas fueron volando y depositándose en otras fisuras y en pequeños depósitos de tierra que había por ahí.

Como las semillas eran fuertes y tenían muy buena esencia, sobrevivieron y al través de los años comenzaron a formar un pequeño bosque. El bosque cambio el escenario del lugar y atrajo una diversidad de vida animal y vegetal impresionante. Con el tiempo, el clima cambió y la lluvia formó ríos y lagos.

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Nada era igual.

Todo había cambiado.

En algún lugar de ese bosque, una bella y gran roca sonreía al contemplar todo lo que había sucedido.

¿Estas listo para ser partícipe y ver como estas  semillas pequeñas, pero con gran esencia se logran depositar y florecer en las pequeñas grietas de tu gran y bella roca?

¿Estas consciente de que esas semillitas pueden cambiar tu vida, tu esencia y la vida de los demás?

Deseo que “El Gran Jardinero” deposite las semillas adecuadas, que nos ayude a cuidarlas y que un dia contemplemos todo lo que se ha generado gracias a Él y a nosotros.

Bonito dia,

Jorge Ocaranza Freyría

 

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