Aligerando mi tren…

Fui «buleado» durante tres años seguidos en secundaria cuando iba en la ronda a la escuela. Un par de vecinos mayores disfrutaron casi a diario darme lata, bien y bonito. Fue una experiencia de lo más desagradable y lastimosa.

45 años después, este sábado pasado, el destino me reunió con uno de ellos. Muy apenado me pidió perdón y en ese momento para mí fue más que suficiente. Temas que pasaron hace mucho que ya ni se acuerda uno. Por lo pronto, eso cree uno…

Por alguna razón he estado escuchando y leyendo en los últimos días temas varios sobre el perdón. Como el no perdonar, te afecta sobre todo a ti. Como la falta del perdón puede seguir lastimando tu alma y muchas veces pasar a enfermar nuestro cuerpo también. Leí que el que odia o mantiene sentimientos negativos fuertes hacia alguién, es como si se tomara tragos de veneno cada vez que manda energía negativa. Finalmente es a uno al que le hace daño, mientras que la otra persona sigue tan campante por ahí.

Escuché también en un blog el como podemos retirar «la espada clavada en alguién», por algo que hicimos, siempre y cuando lo hagamos bien. Me imagino entonces un par de versiones del perdón en este incidente en mi vida y en la de muchos:

Photo by Susanne Jutzeler, suju-foto on Pexels.com

Versión 1

Oye Jorge, lo siento mucho, no me di cuenta, nunca quise ofenderte, sorry, perdóname.  Cualquier versión corta, sencilla, al grano, digamos sin profundidad.

Versión 2

Oye Jorge, te quiero decir algo, he estado pensando mucho sobre lo que te hice.. .En todo momento estaba consciente de lo que te estaba haciendo y sabía que te estaba haciendo mal. Sabía que estaba pecando contra ti.  Escuché a mí consciencia diciéndome que no lo hiciera y no la escuché y no me importó. Sabía que mis acciones podían re-direccionar el curso de tu vida. Y aunque sabía que mis acciones te dolían no me detuve… 

Esta versión, más que pedir perdón, es una confesión del alma que busca resarcir a plenitud. La profundidad de lo anterior toca muy hondo, abraza tu alma. Esta profundidad es la que «saca la espada enterrada» , dejando libre y «curado» al otro.

Espero que hayas sentido la diferencia y que meditemos sobre lo que nuestras acciones han afectado a otros y por supuesto las veces que nos han afectado a nosotros. Me queda claro que tenemos mucho equipaje cargando, mucho consciente y otro tanto inconsciente. Mucho bagaje que habrá que ir tirando fuera de «nuestro tren«, buscando que vayamos mucho más ligeros.

Entiendo también, que el trabajo más importante que tengo que realizar es el de perdonarme a mí mismo. Perdonarme la cantidad de veces que me he hecho daño consciente o inconscientemente. Las veces que mi conciencia me ha dicho, pedido o suplicado que no hiciese tal o cual cosa en contra de mí mismo y que aún así continué.

Photo by Quu00fd Nguyu1ec5n on Pexels.com

Pareciera que el bagaje este, de perdonarme a mí por temas contra mí, puede ser sin duda, pesado, cuantioso y causante de temas no positivos para mi alma y mi salud. Mi bienestar y felicidad diaria bien valen la pena para emprender este camino de auto-perdón. Valentía, determinación y disciplina en descargar este equipaje que tanto afecta.

¡¡Abrazo equipo!!

Jorge Oca

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