Romualdo y su «pulcridómetro».

Romualdo era una persona pulcra. Desde pequeño, su madre le había inculcado el ser limpio. Como siempre, las virtudes de cada uno tienen niveles. “Romu” era muy limpio. Su persona era impecable. No solo se bañaba diariamente, sino que su ropa, su cabello y su persona en general emanaban orden y limpieza. Su cuarto estaba recogido y se había acostumbrado a que su automóvil estuviese impecable. Limpio y aspirado, los asientos lavados y todo lo que fuera plástico o metal, estaba reluciente. Tanto por dentro como por fuera.

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Lo verdaderamente peculiar en este caso, es que el nivel de limpieza de Romualdo era muy superior a la demás gente. La limpieza se convirtió en algo que era parte de él y viendo algunas oportunidades, puso un negocio de limpieza de automóviles a domicilio. Un muy buen trabajo le trajo varias recomendaciones y al cabo de tan solo unas semanas, no tenía tiempo para tantos clientes que le llamaban y seguían hablando. 

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El buen Romu estaba muy contento con su vida, sin embargo empezó a tener problemas en casa. Los problemas siguieron en el trabajo y lo que tanto le había costado construir, parecía a los pocos meses que podría derrumbarse por completo. Su actitud de servicio, de hacer las cosas bien y de ánimo en general iban de mal en peor.

El destino le mandaría a la Doctora Leslie, quien era buena cliente y que había visto al buen Romualdo desviarse en su camino. Al ver llegar a Romualdo a limpiar sus coches emitiendo una energía francamente negativa le dijo:  “Mira Romualdo, has venido a trabajar a mi casa durante años, siempre me enseñaste lo que la virtud de la limpieza significa. Tu pulcritud, tu limpieza, tu ánimo, de verdad ejemplares. Si me lo permites, así como te limpias todos los días de todo lo que te ensucias – por tu culpa o por la culpa de otros – , así tienes que limpiarte por dentro.

Todos los días recibes “suciedad” por tu culpa o que viene de ti, pero también recibes mucha basura de las redes sociales o de los demás. Es necesario “bañarte o limpiarte” por dentro. Requerimos unos 20 minutos por las mañanas de meditación, oración o contemplación.

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Es un tiempo que nos ayudará a deshacernos de todo lo que quiere quedarse en nosotros y que no es nuestra esencia. Es un tiempo en donde en silencio, buscamos a nuestro verdadero Yo. Nos hacemos conscientes de lo que no somos y de lo que sí somos. Dejamos que esa cascada de gracia y agradecimiento por lo que tenemos nos limpie y prepare para tener un extraordinario día. Son momentos en los que recordamos lo maravillosos que somos y nuestro destino divino en este caminar.

«Así como eres muy pulcro por fuera, mi querido Romualdo, el hábito de la limpieza diaria interna te cambiará la vida. Así como eres de enfocado en estar impecable por fuera, enfócate a estar impecable por dentro.»

¡Abrazo equipo!

Jorge Oca

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