Putin y La Cadena de Milagros.

Miroslava era una preciosa niña Ucraniana, estaba en tercer año de la primaria y los perros y el francés eran su pasión. Había visto en Netflix una película de amor filmada en París y la había trastornado por completo. El amor, la torre Eiffel, los helados junto al Sena…

Hoy caminaba de la mano de su mamá, entre escombros de la reciente guerra sin saber bien a bien a donde se dirigían. La nieve y el clima eran terribles. No llevaban pasaportes y debían tomar el primer tren que saliera de la estación. Venían con su prima Tania, hija de su tía y todos sentían una indescriptible tristeza por haberse despedido de los abuelos y de sus papás.

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Mamá venía como en un trance y Miroslava quería de alguna manera ayudarla. Tomaron el tren equivocado y nunca había visto a su madre llorar de esa manera. Por unos momentos no sabían a donde irían, donde vivirían, que harían… Miroslava seguía pensando en las tareas que debía entregar este viernes y en la fiesta de cumpleaños de Tita, que debía ser mañana…

Su madre respiró profundamente y llamó por teléfono a su marido.

Su marido comprendió que se dirigían a otro país. Le habló a su cuñado para decirle a donde iban. Su cuñado le habló a su primo que trabajaba en una compañía de autopartes en México. Ese primo le habló al gerente de la planta del país a donde llegarían para pedirle el favor de que las “cacharan”. El gerente de la fábrica le habló a su gerente de seguridad. El gerente de seguridad le habló a sus contactos de la frontera. Los contactos de la frontera identificaron a Miroslava y a las niñas y las pusieron en un taxi. El taxi las llevó a una de las casas que los Ucranianos usaban en la planta. La gente de la planta envió comida, ropa y flores a la familia que recién llegaba.

Así que a las 3 de la tarde entraban a lo que sería su morada temporal. El Universo, Dios, sus Angeles de la Guardia, como lo queramos ver, se encargaron de cuidarlas en esta pesadilla. Los milagros empiezan a multiplicarse día a día en todo el mundo en este tiempo. Unos pedimos, rezamos y encargamos que la guerra, los dirigentes y los desplazados tengan el mejor fin posible. Otros toman cartas en el asunto y cobijan, llevan, conducen, hospedan y demás a tanta gente golpeada por esta guerra.

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Putin ha logrado desencadenar una cadena de amor increíble que nos hace sonreír, nos invita a transformarnos, a salir de nosotros y ayudar al prójimo. Gracias a Putin por sacar esta parte “dormida” que tantos teníamos. Por recordar que SIEMPRE estamos cuidados y atendidos como verdaderos Hijos de Él…

Que esta cadena de amor venza a la cadena de miedo, de ambición y de angustia que está del otro lado.

¡Vamos equipo, sumémonos!

Bendiciones,

Jorge Oca

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