El sueño.

La tormenta tropical viajaba plácidamente al sur de México y con dirección Oeste NorOeste. Hacía lo que toda tormenta debía hacer. Alimentarse de las diferencias de temperatura, de la humedad y de las diferencias de presión. El plan de la tormenta en esta época del año era navegar sin mayores cambios y tocar tierra cerca de la península de Baja California y descargar algo de agua en alguno de los estados cercanos a ella. Muy probablemente sería la última o penúltima tormenta de este 2021.

Lupita estaba contenta porque ya estaba en clases presenciales. En «Zihua,» la pandemia había sido larga y molesta. Ella extrañaba a sus amigas, al cole y a los niños. Finalmente su papá ya tenía trabajo y su casita tenía ya las 3 láminas que le faltaban al techo. Su abuela les había regalado unas gallinas para que en Navidad estuvieran listas. La vida era bella…

La tormenta tropical se topó con un frente frío inusualmente decidido y poderoso. Sin poder ni decidirlo, la tormenta tropical fue desviada hacia la costa sin poder ni opinar. El frente frío siguió presionando y la tormenta pronto se convirtió en Huracán. Su dirección la llevaría hacia el puerto de Lázaro Cárdenas.

Lupita estaba extasiada, iría a la fiesta de cumpleaños de una de sus mejores amigas. Se pondría su único vestido azul «de salir». Su mamá le había prometido que la peinaría con ese chongo que tanto le gustaba. Hasta su hermana le prestaría sus zapatos de charol que había estrenado hace poco. La vida era bella…

Al Huracán le tocaba la letra R como nombre y le pusieron Rick. Ni Ricardo, ni Rosendo o Rumualdo, ¡Vaya con estas personas que bautizan a los Huracanes! Rick se fue decidida y constantemente fortaleciéndose y dirigiéndose derecho hacia Lázaro. Es más, todas las proyecciones lo ponían como un H Tipo 2 y seguramente un H Tipo 3. Pegaría al oeste de Lázaro con vientos de 200 kilómetros por hora.

El papá de Lupita llamó desde su trabajo y dijo que no regresaría a casa esa noche. No podría recoger de la fiesta a su hija. Mencionaban que llegaría un Huracán y que debía apoyar en el trabajo. La fiesta sería en la tarde y al parecer no dejarían ir a Lupita. “Pero no importa que llueva”, decía la desolada Lupita. Ya estaba vestida, peinada y lista para ir a su fiesta. Rezó junta a su camita y le pidió a Dios que pudiese ir a su fiesta. Finalmente Rick no llegaba, así que la llevarían a su fiesta. La vida era bella…

Rick ya tenía vientos de 150 kilómetros por hora. Estaba muy orgulloso de sí mismo ya que de una «tormentucha» tropical, se convertiría seguramente en un Huracán tipo 3 con vientos de 200 km/ hr. La vida era bella…

Sin embargo, inexplicablemente, Rick no generó más potencia. También empezó a avanzar mucho más lento. Algo lo detenía. Todo estaba puesto para que lo lograra, pero sus vientos no aumentaron. Eso sí, modificó su dirección y fijó rumbo directo a Ixtapa/Zihuatanejo. El frente frío, la morfología de la zona montañosa de la costa o lo que fuere, puros pretextos para que Rick no lograse incrementar su potencia. La vida era terrible…

Lupita terminó su fiesta y vería un precioso atardecer. Había estado feliz en su fiesta. Había jugado con sus amigas y le habían dicho que estaba muy guapa. Su papá no regresaría esa noche por lo del Huracán o algo así, pero ya mañana le contaría de su fiesta. La vida sí que era bella…

Photo by Guilherme Rossi on Pexels.com

Finalmente Rick llegó como a media noche a la costa. Solo llegó con vientos de alrededor de 100 km/hora, lejos de lo que se esperaba de él. Ni modo, era lo que era.

Lupita estaba soñando con su fiesta cuando sintió agua en la cara. Todo ocurrió casi de inmediato. Un fuertísimo viento había tirado un árbol del vecino y éste había caído en la casa de Lupita. Las nuevas láminas volaron entonces por todos lados y el agua entró con una furia increíble. Lupita sintió como su mamá la jalaba y cómo se abrazaban todos. El ruido del aire era algo que Lupita nunca había escuchado. Se escuchaban gritos de los vecinos, se oía cuando más arboles se caían y se sentía como el agua mojaba todo. Lupita se acordó de su muñeca nueva, pero su mamá les dijo a todos que no podían dejar de abrazarse y permanecían acostados en el suelo. Lupita pensaba que estaba soñando, así que esperaba ver cómo terminaría este sueño que parecía tan real. Unas 5 horas después, el viento dejaría de sonar de repente. “Es el ojo del huracán”, dijo Juan su hermano. Aprovecharon para pararse y aún de noche asomarse a checar lo que quedaba de su casa y a ver las casas de junto. Era increíble cómo parecía que todo había desaparecido. Los arboles caídos, las casas de lámina y cartón en el suelo. Lupita seguía pensando que su sueño era por demás muy realista y lleno de detalles, sonidos y olores. 

Photo by Ron Lach on Pexels.com

El viento regresó aunque con menos intensidad. Volvieron dentro de lo que quedaba de su casa y se acomodaron sobre el colchón mojado. Lupita se quedó profundamente dormida. Este sueño había sido muy cansado. Esperaba despertar y ver a su papá y contarle de su gran fiesta. La vida era bella…

Un fuerte abrazo a todas las «Lupitas y Juanes» de Zihuatanejo. Vamos a estar bien. Aquí estamos para socorrerlos y ayudarlos. Que Dios nos siga bendiciendo. La vida es a veces sin duda injusta pero es bella…

Jorge Oca

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s