Las goteras en nuestras vidas.

El buen Tomás era un buen hombre. Había logrado sacar con mucho esfuerzo sus estudios de Ingeniería. Había nacido en un pequeño poblado de Chiapas al cual llegabas después de caminar mucho. De los 8 hijos había tenido la suerte de ser el mas avispado y al que habían mandado al pueblo a estudiar. Los hermanos habían cooperado. Él se había aplicado y ahora era el orgullo de la familia. Era “El Inge” de una constructora que hacía diferentes obras.

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Tomás odiaba la temporada de lluvias. Parecía que las goteras quisieran castigarlo por sus pecados de ésta y otras vidas. Bastaba que empezara la temporada de lluvias y empezara a sonar su teléfono. “¡Oigame Ingeniero… venga, arregle ya… no es posible!” Todo tipo de reclamaciones que en el fondo sabía que tenían razón.

El se consideraba un buen Ingeniero, pero su autoestima siempre salía lastimada con el tema de las dichosas goteras. Lo peor es que arreglar una gotera en temporada de lluvias no es la mejor idea, así que ni la gotera terminaba arreglándose adecuadamente, ni el cliente quedaba a gusto, ni el buen Tomás lograba hacer un buen trabajo. Lo que mal empezaba mal acababa.

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Hoy había sido un pésimo día. Uno de sus mejores clientes le había llamado la atención de una manera en que nunca lo había hecho. Tenía razón. Las goteras en la parte superior de sus nuevas oficinas habían hecho que se pospusiera una junta importante. Tomás quiso echarle la culpa al último fenómeno meteorológico, a que la temporada de lluvias había sido especialmente dura y larga, pero sabía que debía mantener la boca cerrada y arreglar el tema de inmediato. Tomás sabía que normalmente eran pequeños temas de grietas o juntas mal terminadas. También sabía que las pendientes debían hacerse mas pronunciadas. Lo peor es que hasta en su casa había goteras.

Por la noche, cuando estaba terminando su segunda cerveza, de repente pensó que “las goteras” no solo existían en lo que construía, sino que también se presentaban en diferentes aspectos de su vida. 

Existían goteras en su cuerpo y en su alma. Sabía perfectamente que había cosas que no lograba hacer y otras que no debía hacer. Su cuerpo y su espíritu lo resentían. Tenía goteras con su esposa. Había temas en que por falta de comunicación y voluntad de entendimiento mutuo, generaban momentos y “temporadillas” en dónde había que “poner cacharros” para contener el agua que se metía en la relación. Con sus hijos pasaba lo mismo. Existían temas con ellos que generaban “goteras” que los alejaban y distanciaban. Desde el dichoso celular hasta el egoísmo que de repente se metía por las estructuras. Con sus amigos no era la excepción. Falta de paciencia, falta de misericordia y muchas veces de tiempo para convivir con ellos.

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Tomás sentía como se le humedecían los ojos y su espíritu se ensombrecía. Sentía una repentina tristeza y cuándo iba a comenzar a maldecir a la lluvia, a los elementos y a los demás por “las mugres goteras”, le vino la realización de que para “comencipiar” – así le decía su papá – no todo tenía que ser perfecto. De entrada había muchas cosas en su vida que estaban bien. Luego pensó en que de hecho él tenía la capacidad mental y de actitud de arreglar aquello que le molestaba. Sabía que lo segundo era no “hacerse güey” y entrarle a las diferentes  goteras. Tomás era muchas cosas, pero no era tonto. Asumiría su responsabilidad, aceptaría las consecuencias, pero sobretodo visualizaba lo que tendría que hacer para arreglar sus goteras. Sacó su cuaderno preferido en donde anotaba esos temas importantes, que anotaba con su “pluma mágica” y comenzó a hacer una lista de las goteras que mas lo molestaban o molestaban a los suyos. Luego les puso números por prioridades y sonriendo “comencipió” a hacer un plan para que paso a pasito empezar a arreglar a las primeras tres.

Un abrazo equipo y espero que “comencipies” a arreglar las goteras que en esta “temporada de lluvias” te están dando mas lata.

Jorge Oca

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