Serpientes y Escaleras.

En una junta de comité ejecutivo hablábamos de lo importante que es tener un objetivo en la vida. Tener claro el porqué de lo que hacemos. En ese momento surgió una idea que me hizo mucho sentido: la vida es como un juego de serpientes y escaleras. Un tablero en el que empezamos en la casilla 1 y buscamos llegar a la 100. En el camino, cada casilla representa experiencias. Situaciones que nos hacen aprender, crecer, expandirnos. Eventos que forman nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestro corazón… y que, de alguna manera, nos hacen avanzar en el juego.

Cuando actuamos bien —cuando actuamos desde el corazón— de pronto encontramos una escalera. Y subimos. A veces unos cuantos espacios. A veces muchos. Y por momentos, sentimos que estamos más cerca de la meta.

Pero el juego sigue. Y también hay momentos en los que no actuamos de la mejor manera. Nos descuidamos. Nos cerramos. Y entonces aparecen las serpientes. Y bajamos. A veces un poco. A veces hasta casi el inicio. Y así es el juego. Subidas. Bajadas. Aprendizajes.

El propósito, entonces, no es evitar el juego. Es aprender a jugarlo mejor. Usar las herramientas que tenemos. “Tirar bien nuestros dados”. Reconocer las escaleras que nos han servido… y volver a ellas.

En este caminar por el tablero, hay algunas lecciones que vale la pena recordar. La primera: No es tan importante en qué casilla estás hoy. Lo importante es tener la vista —y el corazón— puestos en la casilla 100. Seguir avanzando. Mantener el rumbo. No perder el sentido.

La segunda: Hay serpientes que no se pueden evitar solos. Pareciera que este juego se juega de manera individual… pero en el camino entendemos algo distinto: Hay caídas de las que sólo salimos con ayuda. Con otros. Y, muchas veces… con Él.

Y quizá la lección más importante de todas: No se trata sólo de llegar. Se trata de llegar con otros. Porque ganar en este juego no es alcanzar la casilla 100 en solitario. Es llegar acompañado de aquellos a quienes ayudamos en el camino. A subir escaleras. A evitar serpientes. A no rendirse.

Alguna vez leí —o tal vez entendí— que al final del juego hay un “bono especial”. Un reconocimiento por el impacto que tuvimos en la vida de los demás.

Y entonces la pregunta deja de ser sólo: ¿En qué casilla voy? Y se vuelve: ¿A cuántos ayudé a avanzar?

Hoy valdría la pena detenernos un momento y preguntarnos:

¿En qué parte del tablero estás?

¿Y realmente importa?

¿Ya entendiste que algunas serpientes sólo se superan acompañado?
¿Con otros? ¿Con Él?

¿Qué tanto has impactado la vida de los demás en tu camino?

¿Es parte de tu propósito… o sólo algo que sucede de vez en cuando?

¿Has descubierto que cuando juegas desde el corazón… avanzas mejor y haces avanzar a otros?

Que tengas un buen día en este juego.

Un abrazo,

Jorge Ocaranza

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