Guarda a tus Anacondas y que gobierne el Amor.

Terminamos nuestro curso de Prosperidad que nos dio Marcela Palma, “Mi Gurú consentiday tengo que resumir algo que de verdad me movió:

El Yin y el Yang coexisten dentro de nosotros en lo que pareciera ser un equilibrio perfecto. Nada mas alejado de la realidad. Forman una maravillosa tormenta que se lleva a cabo entre lo que parecieran ser dos polos opuestos que conviven diariamente dentro de nosotros.

El Yin es nuestra parte, digamos luminosa. Es la parte amorosa, cariñosa y que ilumina nuestras vidas y las de los demás. Es la parte que se comunica, que cede, que cura, que perdona, que es capaz de sentir una empatía tal que hasta sufre con los demás. Cuando trabajamos o respondemos desde el Yin, nuestra parte amorosa surge, manda y domina. Cuando operamos desde este hemisferio divino, es que somos felices y hacemos a los demás felices.  La vida es bella. 

El Yang es la parte, digamos obscura. Negra en ocasiones. Nuestro Ego opera desde aquí. Aquí es donde viven varias víboras que salen a defendernos o a atacar de manera rápida, contundente y muchas veces sin piedad. Tenemos algunas que viven ahí en ese hemisferio de nuestro ser. Hay dos que son de las mas grandes. Son verdaderas anacondas.

Una es la que cuida, protege y vive para que seamos reconocidos, aceptados o aprobados. Esta víbora inició su existencia dentro de nosotros desde que éramos pequeños. Aprendió muy bien de nuestros padres, hermanos, familiares y gente cercana. Es la parte de nuestro ego que lucha por el éxito, por ser de los que valen y no de los de abajo. Por ser de los de arriba en las pirámides que la sociedad ha inventado. Es la que nos hace querer ser los primeros, los mejores, los mas guapos, los que más poseemos, tenemos y hemos logrado. La que nos hace tener siempre la razón, la que no nos permite escuchar a los demás y los interrumpe y vuelve a interrumpir. La que nos invita a ser los protagonistas. La que nos vuelve terriblemente competitivos. La que critica – o hace bullying – a los demás. La que nos hace buscar el poder y el control… siempre. Pareciera que tenemos un hueco terrible dentro de nosotros que tenemos que llenar y llenar. Toda una vida para que esta anaconda nos controle y haga hacer, decir y obtener una cantidad sin medida de cosas y temas que nos terminan haciéndonos cada vez menos libres, menos felices y llenos de algo que al parecer no logra nunca llenar ese gran hueco. Esta anaconda nos genera una gran cantidad de carencias.

Nuestros padres heredaron sus anacondas de los suyos y así de generación en generación. Cuando entra esta anaconda en acción, El Yin, nuestra parte blanca, iluminada y amorosa normalmente desaparece. Nuestro Yo se pone primero y olvida todo acerca del otro, de los demás. Nos convierte en seres egoístas y normalmente infelices.

La otra gran anaconda que luego existe en algunos de nosotros es la anaconda de “La Víctima”. Es la que sale y se tira al suelo bien y bonito. La que reclama, la que  sufre por cualquier comentario. La que ve injusticias hacia ella por doquier. La que no es capaz de ver El Yin de los demás ni lo que sí han hecho por ella. La que vive en el miedo. Es una víbora que nos aleja, nos hace infelices y cava y cava un hoyo cada vez mayor en nuestro maltrecho Yo. Nuestra autoestima baja y sigue bajando.

Nos acostumbramos a operar con estas dos víboras funcionando día a día. A veces mas, a veces menos. Pero poco a poco dejando menos tiempo para que El Yin aparezca.

Debemos estar conscientes de nuestro actuar e ir controlando poco a poco a estas anacondas. Para algunos de nosotros, han sido ya muchos años en donde al parecer nos han gobernado. Son muchos años en donde nuestra parte amorosa ha estado saliendo poco.

No es tan difícil que salga. Es un tema de conciencia, de práctica, de hábito y de ir comprobando como operar desde el amor y es cuando somos mas felices y logramos más con los demás.

El Yin vive en el hoy y en el ahora. No en el ayer o en el futuro. Es en donde reconocemos, atendemos, escuchamos, somos empáticos, consolamos, entendemos, soportamos y tantas cosas mas que El Yin trae consigo. Nuestra filiación divina, nuestra heredad, nuestra esencia es precisamente eso; ser amorosos. Guardemos a nuestras víboras para que nuestra parte amorosa opere en nuestro día a día, cada vez mas durante mas momentos de nuestras vidas.

Las pregunta serían;

¿Desde dónde lo estoy haciendo, desde el corazón o desde el ego?

¿Desde dónde lo estoy deseando, desde El Yin o desde El Yang?

¿Desde dónde lo estoy planeando, desde lo blanco o desde lo negro?

¿Desde la luz o desde alguna anaconda tuya?

Preguntas que posiblemente nos debemos acostumbrar a hacer mas seguido.

Nos lo deseo de todo corazón y le mando gracias luminosas y un abrazo virtual a Marcela Palma por hacernos ver un poco de luz en el camino.

Jorge Ocaranza Freyria

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