Escoger bien a nuestros caballos.

Paul, el joven del Uber que pedí, me abrió la cajuela de su automóvil para meter mi equipaje.  Me sorprendió su tamaño. Era menudo, delgado y muy pequeño. Tendría unos 40 años y sus canas y su mirada mostraban alguién que había vivido experiencias fuertes.

Paul era un gran conversador y a los 5 minutos estaba inmerso en su auto terapia diaria. Había sido un jockey de carreras de caballos profesional y ahora estaba retirado.

“Me cansé de lastimarme, y me retiré de las carreras” nos dijo.

Levanté las dos cejas cuando escuche ese comentario y le seguí preguntando sobre ese punto. “Para poder ser un extraordinario jinete no debes de tener miedo. Debes estar concentrado al cien y hacerte uno con tu caballo. Recuerdo la penúltima vez que me caí. venía en una yegua castaña galopando a unos 40 millas cuando me acerqué mucho al caballo de adelante. Le pegamos en las patas traseras y todo fue un desastre. Estuve en el hospital un buen rato.”

“Y mire, es que llega un momento en que ya no quiere lastimarse más. Así que decidí mudarme a una ciudad en donde no existen las carreras de caballos. Me he quitado la tentación y ahora me dedico a otras cosas. Por supuesto que tiene uno en la sangre esto de hacer para lo que uno nació, pero para m ya estuvo más que bien.”

Muchas preguntas me asaltaron de inmediato,

¿En que aspectos de tu vida ya te has cansado de lastimarte?

¿De qué, (quienes), te tienes que separar para evitar seguirte lastimado?

¿Todavía es tiempo para rectificar?

Luego le pregunté que cuál era una de las lecciones más importantes que podía dar a un nuevo jockey. Me contestó sin siquiera dudarlo. “Puedes ser el mejor jockey del mundo y tener las mejores cualidades, dones y talentos. Si no tienes a un excelente caballo, entonces no tienes muchas oportunidades de ganar o ser el mejor. Podrías tener al mejor caballo del mundo y no necesariamente ser el mejor y tener posibilidades reales de ganar.”

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¿Tengo en mi vida “a los mejores caballos” para llegar a donde quiero llegar?

¿Estoy “montado” en mi Dios como debería de estarlo?

¿La pareja que he escogido es realmente la mejor para mí?

¿Mis amigos me llevarán a ser lo mejor que puedo ser?

¿Mi trabajo es el que me detonará, permitirá aportar y generar lo que he soñado?

¿Mis socios?

Seamos muy exigentes y claros al escoger “a nuestros caballos” en la vida. Sin duda que escogiendo bien y por supuesto atendiéndolos, amándolos y cuidándolos como lo que son, los mejores caballos, es que llegaremos a donde queremos llegar.

Muchos Saludos.

Jorge Ocaranza Freyria

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