El cristal empañado.

Salía a trabajar en mi auto y tenía el sol de frente. Los cristales no estaban del todo limpios, así que la visibilidad no era buena. Apenas alcancé a ver a la mujer que cruzaba la calle viendo su celular y no dándose cuenta de que sería atropellada sin duda.

En milisegundos pensé en muchas cosas. ¿Cómo es posible que esta mujer se atraviese la calle sin ver? Sin problema que la pude haber atropellado con toda facilidad. De pura casualidad que no venía distraído con mi dichoso celular. Sentí de inmediato hasta coraje por lo que me pudo haber causado y por lo que se pudo haber causado ella y a sus familiares.

Pensé también en cómo a veces la vida junta situaciones y acontecimientos para que se presente la tormenta perfecta. Lo que en condiciones normales no ocurre, ahora pudo haber ocurrido sin mayor problema.

Pensé también en cómo nos salvamos y salvamos a otros en nuestras vidas diarias. A veces literalmente le salvamos la vida a otros y otras veces nos salvan la vida a nosotros.

Curioso porque me tomó un rato eliminar la adrenalina y el coraje de mi cuerpo y de mi mente. Iba meditando la situación y pensando en que podría ser material de una buena meditación. El día era precioso y ahora entraría al periférico. Pues ahora fue un grupo de jardineros que arreglan los jardines de la lateral, los que prácticamente se aventaron a cruzar. De nuevo tuve que frenar por completo y de manera brusca y ahora rezar porque los de atrás no se me estamparan. Poco faltó. ¿O sea que la atención debe ser continua y total?

A veces en la vida va uno francamente baboseando o navegando o poniéndolo de otra manera, NO prestando atención. En ese navegar podemos fácilmente lastimar, ofender, descuidar, atropellar, ignorar a nuestros prójimos en casa, en el trabajo o en donde vivimos.

A veces los problemas en turno, los hábitos o nuestras ocupaciones diarias no nos dejan ver con claridad ( el cristal empañado ) al que se nos cruza en la vida. Puede salir lastimado él o ella y podemos salir lastimados nosotros.

Manejemos con más consciencia nuestra vida diaria. Estemos mucho más atentos de lo que sucede en nuestro camino. Estemos pendientes de que “nuestro cristal esté limpio”. En que nuestro celular o tabletas o lo que sea, no nos “apentonten” mas.

El negocio en esta vida finalmente es de gente. Estemos pendientes de nuestra gente. De la gente que se nos cruza en el camino por nuestras vidas. O de la gente que la vida nos cruza en la nuestra. Me gusta pensar que hay una razón importante por la que ocurren muchos de los encuentros diarios.

Con una palabra amable, con realmente escuchar, siendo positivos y cariñosos le podemos muchas veces cambiar su día y probablemente algo más. En otras ocasiones, nuestra intervención pronta y adecuada puede evitar problemas mayores.

Estamos inmersos en esta cadena de cuidarnos mutuamente. No rompamos esta cadena que tanto ayuda, alivia, sana y hace que crezcamos en el bien.

Buen día

Jorge Ocaranza Freyria

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