Calla, escucha y aprende a no engancharte.

Se dice que el maestro aparece cuando el alumno está listo. Eso me pasó precisamente este fin de semana en la caminata que tuvimos entre varias familias. En esas  varias horas de caminar entre el bosque,  lo maravilloso fue que podías platicar con el que iba a tu lado.

Tuvieron que pasar varias horas para que descargara esa verborrea que luego uno trae dentro y pudiese callarme y lograse escuchar. Hablaba con Vivi, la hija de mi amigo Chuckey y me comentaba sobre cómo le iba en la Universidad estudiando leyes.

Me decía que era muy competitiva y que había aprendido – en su primer semestre con un profesor de avanzada edad –  a escucharlo , a no juzgarlo y sobretodo a no engancharse con él.

Me dijo que el maestro había dicho una cantidad increíble de barbaridades y que al ver la reacción tan polarizada y lamentable de unas compañeras suyas, ella había comprendido y decidido en ese momento a respetar y no engancharse con la gente. No quería parecerse a ellas.

¡Tómala! Sentí como me entraba su comentario hasta lo más profundo y me hacía todo el sentido del mundo. El alumno en mí, escuchaba y tomaba nota. Me daba cuenta que normalmente andaba en modo de maestro y no necesariamente de alumno y que ésta joven a quien le doblaba yo la edad me estaba regalando joyas para mí. Callarme, escuchar y no engancharme.

Luego somos los magos en engancharnos. Nos enganchamos con los comentarios de los demás. Con lo que nos hicieron. Con lo que no nos hicieron. Con lo que debieron de haber hecho. Con lo que hicieron mal. Con su manera de pensar. A veces somos profesionales en esto de engancharnos. Perdemos una cantidad de energía, tiempo, recursos y demás en “probar(nos) que tenemos la razón”.

Aparecen sentimientos muy fuertes. Coraje, tristeza, celos, envidia, venganza, odio. Los sicólogos, doctores y abogados se llenan de trabajo gracias a que nos hemos enganchado bien y bonito.

Tenemos La Verdad. Nosotros sabemos.  Logramos desgastarnos y desgastar a los nuestros para probar nuestro punto. Hasta lograr en algunos casos “obtener sangre”. ¿Será un tema de respeto al otro? ¿De perdonar y lograr vivir tranquilo? ¿De más bien centrarme en mis actos y no en los de los demás?

Nos deseo una vida con muchas menos enganches. Que (nos) generemos mejores sentimientos. Que perdonemos y respetemos mucho. Que trabajemos en mejorar nosotros. Nos deseo una vida en donde callemos y escuchemos más.

Junto a nosotros, en la persona menos pensada, espera un maestro aguardando a que el alumno esté listo.

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Gracias a mi maestra Vivi. Gracias a mi alumno interno que escuchó y aprendió.

Buen dia

jorge Ocaranza Freyria

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