El maestro que cerró los ojos.

Mi querida vecina Gloria nos regaló esta historia que les comparto con mucho gusto:

Un hombre joven se acercó en una boda a una persona mayor y le dijo:

“Maestro, fui su estudiante en la primaria, no se acuerda de mí?”.

“Bueno, la verdad es que no. ¿A que te dedicas?”

“Soy un maestro.”

“¡Ahh qué bueno! y ¿que te inspiró a ser maestro?”.

“Bueno, es que usted me inspiró a convertirme en maestro. El impacto que usted tuvo en mi, me decidió a hacer lo mismo con muchos otros.”

“¿Y que es lo que te impactó de mí?

“¿En realidad no lo recuerda maestro? Se lo platico.”

“Uno de mis amigos llevó a la escuela un reloj muy bello que sus padres le habían regalado. Yo soñaba con un reloj así. Así que decidí tomarlo. Mi compañero se quejó de que su reloj había desaparecido. Tú nos dijiste que lo regresáramos.

Cuando nadie lo regresó, decidiste cerrar la puerta y nos pusiste a todos contra la pared para que sacáramos todo lo que teníamos en las bolsas. Pensé que sería el momento más vergonzoso de mi vida. Luego nos dijiste que sacáramos todo lo que teníamos en las bolsas, pero que lo hiciéramos con los ojos cerrados. Todos teníamos que cerrarlos bien. Fuiste de bolsa en bolsa y llegaste a la mía encontrando el reloj y terminaste de revisar todas las bolsas y le regresaste el reloj al dueño.”

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Nunca me dijiste una palabra ni ese dia ni en todo el año. Nada que tuviera que ver con el episodio. Cuando pensé que salvaste mi dignidad, en lugar de ser etiquetado como ladrón, mentiroso, bueno para nada o un niño despreciable; realmente pensé en que salvaste mi alma y mi dignidad. No se lo mencionaste a nadie, ni siquiera a mí. Sucedió, pasó; entendí el mensaje y lo que un maestro realmente es. Decidí entonces lo que haría con mi vida. Me dedicaría a la educación y guía de jóvenes.

El alumno veía al maestro y le preguntaba que cómo era posible que no lo recordara. Había sido una situación muy intensa y debía recordarlo de alguna manera. “Recordarías mi nombre sin duda alguna.” El maestro le dijo que no tenía forma de saberlo. Cuando el alumno le preguntó que cómo no tenía forma de saberlo, el maestro le dijo: “Es que yo también cerré los ojos.”

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Tendríamos que ser esos líderes, esos maestros, esos padres, esos hijos, esos compañeros, educadores que estuviéramos para aquellos que nos necesiten. Que con “los ojos cerrados” logremos salvarles el momento, salvarles su dignidad, salvarlos de cualquier etiqueta que pudiera atentar contra ellos. Hasta en algún caso extremo, lograr salvarles el alma.

De paso, en una de esas , logramos salvar la nuestra.

¡Buena semana equipo!

Jorge Ocaranza F.

3 comentarios sobre “El maestro que cerró los ojos.

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