Cuento de Navidad

Quisiera aprovechar para desearles una Feliz Noche Buena, una Feliz Navidad y fin de Año. Ha sido un placer compartir con ustedes Mis Meditaciones. Hoy les comparto un cuento de Navidad con un personaje real y una historia real. He cambiado su nombre, pero no debería ser difícil saber quien es y sobre todo pensar que todos tenemos una parte de el en nosotros.

Juan nació en Tacubaya. Un barrio de la ciudad  de Mexico bastante cerca al lago de Chapultepec. Era el menor de 7 hermanos y su infancia estuvo llena de colores y sabores. Color gris el de su uniforme de la primaria. ¡ Como le gustaba jugar con sus amigos en el parque que se encontraba justo fuera del colegio !

Para Juanito, como lo llamaban sus hermanos, el vender periódicos a 10 centavos y juntar las ganancias para comprar alguna golosina para el y alguien más, no tenía precio.Era un chavo bueno. En toda la extensión de la pequeña pero poderosa palabra.

Siempre estaba dispuesto a ayudar y cooperar en lo que a veces los demás preferían no hacer. Hacia los mandados, limpiaba, recogía y asistía a todos.

Un día trajo a la casa a dormir a un muchacho que se encontró en la esquina en donde vendía periódicos y junto con Luis, que era su compañero de cama, se bajaron a dormir al suelo para que el nuevo chico durmiese en la camita.

Nunca entendió del porqué no regresó mas ese nuevo amigo a su casa.

Siempre ayudaba al que fuera. Hasta que empezó a tener sus primeras experiencias con gente digamos no buena. El egoísmo, la mentira y la maldad de la gente lo impactó primero y luego lo volvió un poco decepcionado de la vida.

De alguna manera lo tomaba personal y no daba crédito que alguien pudiese no ayudar y de plano lastimar a alguien. Su naturaleza era entregarse y aprendió a que la gente se aprovechara de él.

Su máximo era en la época de antes de la Navidad trabajar ayudando a algún Santa Claus en la Alameda Central. Era mucho trabajo porque había que tratar de mantener en orden a las familias que no podían hacer una cola decente para tomarse la tradicional foto.

Le daba a su tío – que no necesitaba rellenar el traje con cobijas pa´ la panza de Santa – su vinillo de consagrar en una botella de medicina usada. Todo mundo pensaba que el Santa tenía tos.

Su trabajo más importante era averiguar en la fila, los nombres de los niños y corría a susurrarle al Santa sus nombres. Nunca olvidaría esas caras de sorpresa y  deleite cuando veían que Santa los reconocía. Ya después aceptaban de entrada que no habían sido del todo buenos.

Juanito lo sabía,  casi todos no habían sido buenos. No entendía eso. Tan fácil que era ser bueno.

Juan cambió su disfraz de duende por el de taxista y comenzó a manejar el taxi de su otro tío. Primero a hacer algún mandado, luego a sustituir a su tío Prospero que había caído enfermo de unas fiebres terribles y sin darse cuenta manejó taxis unos 20 años.

El destino lo llevó a conocer y a poder ayudar en casi cualquier punto de la ciudad a cuánta gente  tuvo la oportunidad de servir. Normalmente escuchaba, pocas veces hablaba de él y siempre atento, hacia lo que tenía que hacer para dejar contento al pasaje.  Sin buscar destacar. Sin pretender sacar ninguna satisfacción para el. Así era el.

Cuando hacía algo especial para la gente, el lo tomaba como algo normal. Cuando la gente hacía algo no bueno con el o con alguien más, el hacía como que no se daba cuenta.  Pero de alguna manera su corazón se iba llenando de pesar.

Era como un ángel perdido que lo habían mandado a un mundo en donde los demás ángeles ya se habían olvidado de su función.

Y eso realmente lo turbaba mucho.

Juan trataba de esconder a su angel y buscaba no ver ni sentir lo que pasaba todos los días.  Esas cosas que lo lastimaban.  Fueron tiempos en donde peor la pasó.

Su propósito estaba dormido y no vivía su propio destino.

El destino divino lo cambio de trabajo y llego ahora a una compañía. Trabajaba de conserje y su ángel despertó. Poco a poco se sintió más cómodo y vio como la gente era buena con el. Volvió a creer en la gente. Su angel se despertó y creció y floreció.

Fueron los años mas bonitos de su vida. Hasta que un dia sintió un dolor en su entrepierna. Vendrían después los análisis y finalmente el diagnóstico. Cancer, metástasis y demás. Pero Juan resistió el primer embate y se concentró en ser fuerte y penar que finalmente viviría lo que tendría que vivir. Ni un minuto mas.

Su esposa y su familia se pusieron tristes. Los compañeros de trabajo también. Su angel interno lo abrazaba y le decía que no se preocupara mucho. Le decía que viviera como había vivido hasta ahora. Siendo un buen hombre y disfrutando cada dia. Aunque era muy sensible con el sufrimiento de los demás, se comprometió por hacer su mejor esfuerzo. No quería que nadie se preocupara por el.

Cual sería su sorpresa que esa Noche Buena, recibió múltiples llamadas telefónicas de ánimo, de solidaridad, de cariño y de amor. Eso lo puso muy contento y su angel brilló y su corazón se sintió pleno y lleno.

José Luis Rosette    Tel.  (55) 6426 3234‬

Muchos Saludos

Se les quiere

JOF

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