Luciana estaba desesperada. Amaba de corazón a Paco, su pareja y compañero de vida; pero el último año había sido una pesadilla. El buen Francisco había cambiado y de buenas a primeras estaba jugando el papel de víctima, bien y bonito.
Cuando lo conoció, le pareció que era un hombre muy trabajador, responsable y amoroso. Se dedicaba a atender a otros y tenía muy claro, o algo claro, su papel en los diferentes roles que tenía. Como hijo, como hermano, como amigo y como pareja. Es cierto que de repente representaba el papel de víctima, pero era algo que Luciana ni siquiera percibía con claridad.
Pero de repente todo cambió; algo pasó con su amado Paco que lo convirtió en alguien diferente y terrible para él y para los que convivían con él. Fue como si de repente le diera su poder a alguién o algo externo. Lo veía quejarse de lo que sucedía en el exterior. Lo veía echarle la culpa a otros por su situación, por lo que le pasaba.

Para Luciana era algo muy obvio. ¿Cómo era posible que el estado de ánimo de Paco dependiera de lo que otros pensaban, decían o comentaban de él? Ella lo veía muy claro, pero un buen día se pudo dar cuenta de que ella también actuaba de repente – más seguido de lo que ella podía aceptar o estar consciente – dependiendo de lo que otros podían pensar de ella. Era como darle el poder a algo externo sobre su manera de sentirse y pensar.
Eso la dejó helada. Se dio cuenta de como una buena parte de sus acciones también tenían que ver en cómo la juzgaban los demás. Se dio cuenta de cuánto se juzgaba ella misma. Por supuesto que cuando tenía estos pensamientos pensaba de inmediato en Paco y veía cómo él permitía que otros definieran su vida.
Estar consciente de ella misma no era su fuerte. Pero era experta en «ser empática y leer» a otros.

A «Luchis» le partía el corazón de ver cómo Paco se tiraba al suelo y se lamentaba y autojuzgaba por cosas que sucedían. Que si sus padres, que si sus hermanos, que si sus amigos. Siempre tenía a alguién que le andaba haciendo sentirse triste, no reconocido, que lo lastimaban.
Un buen día comprendió Luciana que su Paco iba por la vida sin perdonar a otros por los diferentes temas habituales de la vida y que esa falta de perdón se iba acumulando en su corazón y en su alma.
Veía con claridad cómo esa falta de perdón le iba ocasionando entre otras cosas que se lastimara él mismo.
Su mente se encargaba de abusar de él en las mañanas, por las tardes y durante muchas noches.

La falta de perdón es sin duda la forma mas alta de autoabuso.
Veía como Paco repetía los eventos, repetía el sufrimiento y su mente le repetía y repetía sin piedad esos malos momentos. La poderosa mente lo automasacraba sin piedad y el cuerpo de Paco generaba diligentemente «chorreadas» de químicos en su maravilloso cuerpo. De hecho, el cuerpo estaba adicto a estos químicos y su querido Paco, inconscientemente requería de sus constantes dosis de químicos que producía su estrés, su angustia, su depresión y demás… Su cuerpo se enfermaba poco a poco. La autodestrucción iba viento en popa…
Luciana lo veía perfectamente claro en Paco y ya había pasado de la etapa de preocupación a la etapa de evitarlo. Tanto, que llevaba meses lamentándose de cómo su preciosa vida había cambiado por su amado Paco y por varios temas que traía por ahí.

Nada la preparó cuando Karina, su amiga la invitó un día a un café para decirle que pensaba que Luciana era otra porque ya actuaba como víctima. «Kari» pensaba que ella había perdido el control de su vida y que había permitido a otros que manejaran su vida. Pero lo que más le preocupaba a su amiga era como «Luchis» estaba literalmente autodestruyéndose física y mentalmente.
“Tienes que empezar a perdonar a quien sea que tengas que perdonar, amiga, pero sobre todo perdónate a ti misma. No olvides que eres única en muchos sentidos. Fuiste creada con toda intención y mucho amor y tu misión en este camino es brillar y hacer brillar.»

«Regresa por favor…»
Que el perdón en tu vida sea algo que hagas, practiques y logres TODAS las noches antes de dormirte.
Qué logres no juzgar a los demás y sobre todo a ti mismo.
Qué recuperemos el control de nosotros y de nuestras vidas y no le demos el poder a nadie ni a nada.
Eres único.
Eres especial.
Eres maravilloso.
¡¡Siéntete orgulloso de ti!!
¡Buen día equipo!

Jorge Oca
Anónimo
Gracias como siempre aprendiendo de ti.
Se te aprecia y se te agradece todo lo que me enseñas.
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