Zury y Lanka

Poco mas de un año había pasado desde que Zury, una niña ciega, había “sentido” a Lanka, una ballena jorobada en la bahía de Zihuatanejo.

Esa conexión le había regalado a Zury una alegría que pocas veces había sentido. La conexión le había hecho ver la vida con otros ojos. Hasta se reía cuando pensaba lo anterior… una niña ciega que veía y entendía de mejor manera algunas verdades fundamentales.

Comenzó a entender durante este año, que todos estamos conectados. Una energía que tenemos nos une y en cierta manera nos hace cobrar sentido. Zury fue descubriendo que esa energía interna era nada menos que el amor. A su corta edad sabía que este sentimiento no era muy racional que digamos. Era algo intuitivo, muchas veces no racional y definitivamente maravilloso.

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Durante este año, Zury rezó mucho por Lanka, la ballena matriarca y por su pequeño ballenato que había conocido justamente entonces.

Lanka por su parte, se acercaba lenta, majestuosa y serenamente a la bahía que año con año visitaba. Lanka sabía que  algo especial había sucedido ahí en su última migración. Había sentido esa conexión que pocas veces había tenido con uno de los animales terrestres. Curiosos estos animales… nunca dejaban de asombrar a Lanka. Ella sentía como, durante el ultimo año, su mundo se había vuelto a modificar. Definitivamente había mas contaminación, un poco menos de comida y su cuerpo empezaba a sentir el efecto de los humanos.

Zury caminaba todos los días con su abuela al promontorio, a esperar a que las ballenas aparecieran. De hecho, desde hace dos semanas habían visto algunas. Sin embargo, Zury no había sentido nada. Ella sabía que Lanka aún no había llegado.

Lanka sabía que faltaban un par de días para llegar a ese lugar especial. Se había descubierto hasta nadando mas rápido y comiendo menos. Pareciera que ya quería llegar y volver a sentir eso que sintió hace un año.

Zury la sintió antes de que amaneciera. Sintió claramente como Lanka había finalmente llegado. Percibía con toda  claridad  su presencia. Golpeó con su bastón en la pared para decirle a su abuela que la necesitaba. Cuando la abuela entró preocupada, le dijo que “¡Lanka había llegado!” Su abuela le comentó que entendía que ya estuviera emocionada, pero que no se hiciera ilusiones y que por la tarde irían al promontorio. Zury le aseguraba con lágrimas en los ojos de felicidad, que ya había llegado.

Llegaron al promontorio antes de que saliera el sol. La abuela estaba preocupada pero Zury estaba feliz, expectante y en paz. Lanka llevaba dando vueltas en la bahía esperando a sentir ese sentimiento tan real que había tenido. De alguna manera fue experimentando como iba en aumento «ese algo» que se aproximaba.

La fe y esperanza de Zury no tenían límite, así que cuando la abuela gritó que la ballena estaba ahí, frente a ellas, no le sorprendió.

Estuvieron buena parte de la mañana contemplándose una a la otra. Lo hacían desde el corazón y en cierto nivel entendieron que eran lo mismo. Habían estado separadas durante un largo y peculiar año, pero ahora la vida les permitía estar de nuevo juntas.

La abuela tenía algo especial preparado desde hace tiempo, había hablado con el vecino, que era un pescador y le había platicado del encuentro en el año anterior. Así que llevó a Zury al puerto y subiéndola a la pequeña barca, se dirigieron a encontrarse con Lanka.

Lo que siguió fue algo bellísimo. Lanka sintió la barca y se aproximó a ella. Viendo con su pequeño ojo a tres humanos en ella. Y en la punta, observó a una pequeña que sin duda era la que se había comunicado con ella. Lanka se aproximó hasta que la pequeña la pudo tocar. Un animal de 30 toneladas dejándose acariciar por una niña ciega de 7 años.

Zury no cabía en sí misma. Su amor y su felicidad le permitían entender justo ahí, el verdadero sentido de la vida. Entendió su propósito y por decirlo de alguna manera “le puso cara” a lo que quería hacer en su vida.

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El pequeño pueblo y los pescadores se conmovieron hasta lo mas profundo por la historia. Sabían que algo muy especial y divino había sucedido en donde vivían. Muchos entendieron y buscaron mejorar y cambiar hábitos y creencias que en el fondo no les ayudaban a ser felices. 

Zury visitó diariamente a Lanka y muchos la acompañaban desde lejos y contemplaban lo que sucedía. Finalmente llegó el día en donde la vida siguió su curso y Lanka regresaría a seguir con su eterna migración.

Las dos sabían que algo muy profundo las había unido para siempre. Ya estaban esperando para volverse a encontrar.

Abrazo,

Jorge Oca 

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