Luciana y la vida.

Luciana nunca había estado tan  satisfecha y contenta de como iba su vida. No recordaba cuando había tenido tanta comida disponible. Tampoco cuando el silencio y la obscuridad habían sido tan placenteras. Lucy era un murciélago que vivía en la costas del Pacífico en México. Había nacido hace un buen tiempo en la bahía del Palmar en Ixtapa y su zona de casa y de cazar eran el campo de golf del Palmar y la colina en donde Pacífica estaba desarrollada.

Luciana llevaba casi tres meses viviendo en el paraiso. Siempre era un  tema donde dormir. Por mas que buscaba resquicios sabrosos en donde descansar, algún colaborador de Pacifica, llegaba y le hacía la guerra para que se moviese. Ella sabía que era por el guano que dejaba caer sin recato alguno. Sin embargo, después de una noche de devorar insectos y llenarse de rica fruta, no iba a descolgarse para descargar en otro lado y volver a su cama. Ni modo, tendría que seguir el juego.

En los últimos tres meses, le habían dado muy poca lata. Lucy comía a sus anchas y descomía sin mas preocupaciones. Había mas  mosquitos que nunca. Y el sabor de los frutos que tomaba, no tenían el sabor amargo a los fumigantes que luego los de jardinería les ponían. Los de mantenimiento tenían apagado casi todo el cerro y la obscuridad era fantástica. Pero lo mejor era el silencio. Había un silencio espectacular. Condiciones casi mágicas para cazar y para vivir.  La vida era bella.

Lucy no había llegado a su edad por ser una murciélago tonta, así que en el fondo sabía que esto no podría durar para siempre. Hasta que una mañana percibió un cambio sutil en el ambiente. Olor a  fumigación. ¡Carambas!, sus mosquitos morirían a puños. Luego percibió mas movimiento de colaboradores y poco a poco mas luces prendidas por las noches. Sus escondites preferidos fueron limpiados y ella volvió a jugar el juego del “gato y el murciélago”. Luego luego la cantidad de comida faltó y la calidad bajó en serio. Empezó a bajar de peso. Tenía que volar mas, mucho mas para conseguir como la mitad de lo que estaba comiendo. Es mas, como la comida había sido tanta, la naturaleza y su amigo Boris, hicieron que se embarazara. Tendría que cuidarse bastante mas, para que sus crías nacieran sanas y fuertes. Ella tendría que estar bien. La vida era sabia.

El ruido aumentó demasiado. Las múltiples luces por la noche diseminaron a los escasos mosquitos que aún existían. Los mangos, papayas y semillas de muchos arboles escasearon. Los humanos las habían recolectado y a otras contaminado. Ya no veía a tanto animal de noche por el cerro. Los tejones habían huido. Los mapaches andaban escondidos. El par de venados se habían retirado y el gato montés ya no había rugido por las noches. La vida era compleja.

Y sin embargo, Luciana nunca había visto tan contentos a los humanos. Los veía sonreír, los escuchaba platicar animadamente y moverse con mucho espíritu. Veía que estaban como que sin práctica y como agarrando el hábito y la comunicación entre ellos. Pero definitivamente los veía mejor. Ella siempre había aprendido a vivir con ellos y no necesariamente le generaban sentimientos agradables. Mas bien, no. Pero ahora los veía como que de mejor talante, así que algo en ella se emocionaba. Seguro que era por esto de su embarazo. Mugre Boris, mugre árbol de esos frutos que marean. La vida es amorosa.

¿En que etapa andas en tu vida?

¿En una etapa bella?

¿En una etapa compleja?

¿En una etapa amorosa?

¿En todas al mismo tiempo?

Luciana y yo te mandamos un abrazo cariñoso y deseamos una buena semana.

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El próximo sábado se casa mi hija…

Saludos,

Jorge Ocaranza Freyria

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