El primer día del resto de tu vida.

Lupita corría y corría y parecía que no llegaba a ningún lado.

Los hijos, el trabajo, la pareja, sus papás, su salud… Por mas que se organizaba, que terminaba pendientes e iniciaba nuevos proyectos, nunca parecía terminar. Es más, en lo profundo, sabía que era como una adicción. Vivir con la adrenalina al 150. No poder decir que no. Dormir menos, vivir cansada.

Había una parte que le gustaba. O ya no sabía si así era ella. Le gustaba vivir a 220 km/hr. Su cuerpo le suplicaba de repente que se cuidara, aunque fuese un poco. Ella estaba más que comprometida con tantos temas que sus prioridades se habían perdido en una neblina cada vez más densa. Su energía se dilapidaba sin generar muchas veces, esa necesaria energía que la llenara de vigor, de entusiasmo, de alegría.

El madrazo que la detuvo en seco sucedió como sucede a menudo; por donde nunca se lo imaginó. Fue duro, muy doloroso y lamentable. Lupita que era fuente de unión, de abundancia, de cariño y de amor quedó destrozada ante «»este asteroide» que el «perverso universo» le había mandado.

Ella sabía perfectamente que ella era quién lo había generado poco a poco durante muchos años. Lo verdaderamente importante era qué carambas iba a hacer con su vida a partir de hoy.

La revolcada estaba siendo buena. Pero sabía que esta era una gran oportunidad para iniciar con el resto de su vida. Más que pensar en cuanto más iba a vivir, pensaba en cómo iba a vivir y en cómo se iba a cuidar ella misma para cumplir con su Misión.

Había perdido temporalmente esa Misión que algún día había escrito en papel y en su corazón y que había ido ajustando a través de su vida. Hoy sabía que tenía a un par de gentes con las cuales su camino sería bueno. Se tenía a ella misma. Había aprendido a caerse bien. Había aprendido a reconocer quién era. Había aprendido a valorar ese ser y a dejarse ser. Ya no se sentía sola. Y había empezado a sentirlo a Él en su interior. A iniciar con ese Creador amoroso una relación que poco a poco le daba paz, le daba propósito y sentimiento de pertenecer a La Familia…

Lupita aprendía a vivir el resto de sus días, día con día. El que HOY tenga todo el propósito de ser disfrutado, aprovechado y gozado. Sin pensar en el ayer y en todos los billones de bits de información gozosa o dolorosa del antier. En buscar en no pensar en el mañana ni en las diferentes posibilidades futuras.

De alguna manera, los colores, olores y sabores de cada día empezaron a cobrar una fuerza diferente. Eran el presente del momento. Tantos años en que había estado distraída y los había dejado pasar sin deleitarse en tantísimos momentos y regalos que se le habían presentado.

Lupita respiró profundamente. Había aprendido a hacerlo cada vez más seguido. Bajaba los hombros y se preparaba a disfrutar de este día. El primer día del resto de su vida.

Abrazo queridos,

Jorge Oca

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