Tu espejo «traicionero»…

Leila no podía dar crédito a lo que veía en el espejo. Ahí estaba ella, parada, saliendo de bañarse y frente a ella había un espejo de cuerpo completo. El reflejo que vio casi le quitó el aliento. Estaba muy pasada de peso. Estaba francamente gorda; esas lonjas se veían fatales. Estaba colgada, muuuuy colgada. Sus piernas y sus brazos eran francamente no bonitos. Su panza era lo peor. «¿Cómo es posible que haya llegado hasta este punto, sin siquiera darme cuenta en el camino? ¿Cómo es que no hayan existido avisos, llamadas de atención. El que alguien que me quisiese me hubiera advertido, ayudado…

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Leila sentía en ese preciso momento estar tocando fondo. Se veía tal cual era. Como que esa bruma que había estado en el espejo se hubiera despejado. Entraba claramente en CONCIENCIA del lastimoso estado en el que mantenía a su cuerpo precioso. «Pinche espejo traicionero, nunca me avisó a tiempo».

Rafa veía el estado de cuenta de su tarjeta y sintió cómo se ponía roja su cara. El monto de lo que debía eran muchos meses de su sueldo. Pero lo que finalmente lo había enfermado eran los intereses que estaba pagando. ¡¡CAT del 97.2%!! O sea que los bancos preciosos daban algo así como el 10% de interés anual a los ahorradores y cobraban como el 100%!!. Y la gente le entraba gustosa!!! La gente se endeudaba – por razones «legítimas» – y pagaba un costo terrible. Majaderamente obscena manera de vivir. Una inconsciencia perniciosa que lleva a cualquiera al abismo.

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Por alguna extraña razón, Rafa sintió con claridad el enorme error en el que había vivido tantos años de su vida. No había querido o podido ver esa terrible realidad. «El espejo» no le había avisado a tiempo lo que su comportamiento inconsciente causaba en sí mismo y en su familia. Espejo traicionero y poco amigo.

Isabella sentía como su gastritis la castigaba sin misericordia. Habían dado los resultados de los vendedores y ella estaba en la cola de la lista. Ella se había convencido cada día, cada semana y cada mes de que lo que ella pensaba y hacía era lo correcto. Su EGO la manejaba bien y bonito y juzgaba y se reía de los demás. Ella era la chingona, la llena de teorías, la que leía y estudiaba mucho; la que enseñaba a los demás…

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La lista le decía en su jeta que había muchas cosas que no estaba haciendo bien. Punto. Le decía que los hábitos que había adquirido NO le estaban ayudando a ella ni para su producción. Sentía como los pretextos empezaban a agolparse para calmar a esa parte de su mente y corazón que sufrían. Sin embargo, Isabella dejó que el sentimiento de esa claridad consciente le pegara y doliera con plenitud. Sabía que tenía que hacer cambios SÍ o SÍ. No quería seguir con los mismos resultados. Esta lista, el resultado de su trabajo como vendedora era el espejo de su actuar. «Espejito pedorro, espejito infiel, ¿Porqué no me avisaste antes?»

Luisón estaba destrozado. Había descubierto que su pareja andaba viendo a alguien más.  Su corazón estaba destrozado. Le faltaba aire para respirar. Una angustia terrible lo revolcaba y una desesperación lo embargaba por completo. Luis sabía que las cosas no estaban bien. Sabía que había descuidado bien y bonito a su pareja. Sus prioridades habían sido otras…

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¡Vaya que dejó de abrazar a su pareja! Lo del tiempo de calidad… puuffff … ni tiempo, ni calidad. Ya lo del cariño y lo del amor, pues como te explico… ¿Donde estuvo ese espejo para haber visto mi actuar y su sentir? ¿Qué «tela o cortinas» le puse al espejo para no haber querido ver? ¿Qué nivel de inconsciencia perduró en el querido Luis? 

Leila se acercó al espejo y contempló sus ojos. Se dio el lujo de verse calmada y hondadamente. Y vio cosas que la animaron profundamente. Vio en la profundidad de esos ojos a una niña buena, tierna, compasiva, poderosa y amorosa. Le gustó mucho.

También vio a una niña que se tenía muy descuidada. Se vio no atendida, no apapachada por ella misma. Lo sintió en lo mas hondo de su ser y con una determinación típica en ella, se prometió a si misma: “Leila querida, Leila preciosa, voy a estar para ti. Me comprometo a cuidarte, a atenderte y apapacharte. Vas a estar bien, porque me tienes a mi y déjame decirte que es de lo mejor que te puede pasar.»

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Una sonrisa se fue dibujando en su cara y Leila empezó a ver en el espejo a una mujer fuerte, compasiva, creadora y amorosa.

Leila vio en el reflejo del espejo el crucifijo que estaba colgado en la pared. Por primera vez, lo sintió… Ahí esperando, callado, paciente y humilde… pero muy amoroso.

Lágrimas de sentimientos varios comenzaron a rodar por sus mejillas. No sabía si agradecer o pedir perdón o sólo estar ahí viéndolo y dejándose ver. Ese espejo estaba poderoso. Era un espejo lleno de ternura, de compasión, de amor, de no juzgar nada.

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Era un nuevo espejo que Leila estaba empezando a descubrir. «¡¡Bendito espejo, acompáñame, lléname de paz, de ganas de conocerte y vivir con tu luz e iluminando a los demás!!

Que todo aquello que está empañando, cubriendo o bloqueando tus diferentes espejos se liberen para que actúes como sea que TÚ verdaderamente quieres y puedes actuar. Que el Único y Verdadero Espejo te acompañe y te dejes acompañar todos los días de tu vida.

Abrazo cariñoso equipo!!

Jorge Oca

Un comentario sobre “Tu espejo «traicionero»…

  1. Avatar de Desconocido

    Anónimo

    En el hombre, materia consciente, el universo se observa a si mismo

    John Wheeler, físico teórico (1911, 2008).

    La conciencia es, junto con la dignidad, lo que nos hace humanos. No es la inteligencia ni las habilidades de comunicación, como se ha llegado a pensar; vemos animales con rasgos impresionantes de inteligencia: orangutanes, cuervos, delfines, ciertas especias de aves, perros, y un largó etcétera. Tambien sabemos que los elefantes se comunican entre sí por nombre, exactamente, cada elefante tiene un nombre. Las ballenas también tienen una comunicación muy desarrollada.

    Es la conciencia, ese juez que sigue condenándonos cuando el jurado ya nos ha absuelto -dijo Michel de Montaigne-, lo que nos separa del resto de mamíferos placentarios. El saber de dónde venimos y a dónde vamos; esa tercera dimensión que nos permite -permítaseme el témino matemático- derivar las variables físicas que nos constriñen y gobiernan. En el momento que la obviamos o dejamos de atenderla, comenzamos a perdernos.

    Tampoco es el alma, que nadie ha podido definir, ni probar su existencia, y cualquier intento al respecto pertenece sólamente a la literatura y sus géneros.

    Es: la conciencia y la dignidad lo que nos hace humanos, a pesar de compartir el 99% de nuestro material genético y el total de nuestras estructuras anatómicas con los otros cuatro primates superiores (Chimpancés, bonobos, orangutanes y gorilas),

    No lo olvidemos para no dejar de ser humanos…

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