Cuando sucedió nuestro incendio, las primeras olas de calor y sus consecuencias fueron devastadoras. El dolor, las pérdidas, los miedos y demás comenzaron a colarse como esa densa nube negra y a cubrirnos de ese fluido negro, pegajoso y aceitoso. Eso que cubre cualquier superficie y la bloquea por completo.
Eso pasa muchas veces durante los diferentes incendios de nuestras vidas. Los seres humanos en principio, no somos tan fuertes ni tan inteligentes como pensamos que somos. Afrontar muchos temas de manera individual no rinde resultados exitosos.
Pero en grupos y en equipos somos increíbles.
El tratar de resolver solos nuestros propios problemas es muy difícil.
Muchas veces simplemente no podemos. Superar el estrés o muchos temas mentales por nosotros mismos es casi imposible. Por eso aparecen las adicciones. Adicciones al celular y las redes sociales, al alcohol, a las drogas y/o a muchas más.
En este «penúltimo incendio», logramos salir pronto de nuestro incendio, gracias a la ayuda, a los abrazos y al cariño de mucha gente.

Por supuesto que causan daños a nuestra persona, a nuestras familias a nuestros trabajos.
Nos ayudaron literalmente a apagarlo entre los vecinos, nos abrieron las puertas de sus casas, nos ayudaron a recoger y cambiar las cosas que nos quedaron. Nos prestaron una casa en donde quedarnos, nos dieron de comer, nos abrazaron.
Cuando alguien te ofrece su ayuda y sabes que cuantas con él o ella te cambia la vida. Es de los sentimientos más fortalecedores que existen.
Cuando llegas a ese punto en donde sabes que no puedes más y pides ayuda, todo se siente y se ve mejor. Muchas veces solo queremos que nos escuchen. Hemos tenido un mal momento o una muy mala experiencia. Escúchame solamente por favor.
Cuantas veces no sabemos algo o necesitamos algo pero no lo pedimos. Resulta que estamos rodeados de gente que quiere ayudarnos, que puede ayudarnos, pero que no lo hace porque nos presentamos como individuos fuertes que no requerimos ayuda alguna. Cuando nos sentimos solos no nos logramos comunicar correctamente con los demás y tenemos miedo en que descubran cómo somos de verdad.
El incendio me recordó de manera muy clara y cruda que solo, soy mucho menos de lo que soy junto con otros. De lo que soy con mi pareja. De lo que puedo ser con mi familia. De lo que soy con mis amigos, de lo que soy con mis vecinos, de lo que soy con mi familia del trabajo. Sin duda que muchas cosas en mi vida estarían mejor si rompo con el hábito terrible de querer resolver todo solo y me voy atreviendo y acostumbrando a pedir ayuda.

Esa ayuda que tanta gente quiere dar y que tanto nos gusta dar…
Juntos somos mucho más fuertes. Juntos nos enfrentamos de mucha mejor manera a los incendios.
Solos… solos probablemente quedemos entre lamentos, lamiéndonos las heridas y no logrando renovarnos, renacer y emerger de las cenizas siendo mucho mejores. Esta sola lección bien ha valido lo pena para haber tenido que pasar lo que pasamos en este incendio.
Abrazo equipo.
Jorge Oca
Anónimo
tan fuertes y a la ves tan indefensos!!! Siempre necesitamos de alguien más y las preguntas llegan sin poder contestar, estarían que llore? Esta bien que pida ayuda? Que dirán si digo esto? Y al final siempre pensamos en lo que los demás dirán pero ojo cuando diremos lo que pensamos nosotros y queremos… que sea un excelente día y único lleno de bendiciones es sumando poquito o muchísimo siempre es bueno saber y decir que cuentan con uno
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Anónimo
Muy interesante lo de que cuando estamos solos no nos podemos comunicar correctamente y miedo a que descubran como somos en realidad. No lo había pensado
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