Abandonarse. Del Camino de Santiago (3)

El peregrino llevaba 6 horas de camino. Había sido un buen camino, había disfrutado, había hecho disfrutar; estaba contento. Pero ya estaba cansándose. El paralelo con su vida era notable. Había llevado una buena vida, pero ya estaba cansado. 

Él sabía que venía una cuesta pesada y prolongada en su camino de este día.

Photo by Rene Asmussen on Pexels.com

Había llovido, hacía algo de frío, sus chamorros se quejaban y las ampollas jugaban con él. Intentaba dominarlas con sus parches especiales y no enfocándose en ellas, pero como pequeñas y molestas maestras lo obligaban a ser paciente, constante y responsable en cuidarse y resiliente en mirar para adelante y no para abajo. El camino comenzaban a hacerse más pesado.

Su condición física no le preocupaba porque estaba bien entrenado, sin embargo, sentía como las cargas acumuladas del camino, comenzaban a cobrar la factura. En su vida cargaba también con varios temas que ya empezaban a cansarlo, a lastimarlo y a no hacer placentero su camino.

Había perdonado, se había perdonado, vivía en el presente, agradecía constantemente, pero parecía faltarle algo.

A media subida se dio cuenta de que venía contento consigo mismo por como el cuerpo le respondía, pero venía sudando, con dolores y francamente ya quería llegar y apapachar un poco sus piernas, rodillas, chamorros, tobillos, plantas del pie y sus dedos. Sintió como en su vida ya también quería caminar más ligero, más alegre, con menos resistencias.

«¡¡Exacto!! Son las diferentes resistencias que tengo en mi vida las que consumen mi energía todos los días.»

Photo by Francesco Ungaro on Pexels.com

Es cuando quiero controlar, cuando pienso que mi manera es la correcta, cuando vivo para lograr lo que yo quiero, lo que pienso que es lo correcto.

¿Y si lo que quiero no es lo que me conviene?

¿Y si hay una fuerza divina que comprende qué lo que yo quiero no es lo que me conviene? … O no conviene a los demás…

¿Y si los sueños de mi Creador son infinitamente mejores a los sueños que yo pueda soñar para mí?

¿Y si esos sueños son maravillosos, terriblemente más abundantes, convenientes, alegres, amorosos y plenos de lo que yo ni me pudiera siquiera imaginar?

¿Y si me suelto, me abandono y confío plenamente en que su voluntad es lo mejor para mí?

¿Y si «suelto la cuerda» de los eternos jaloneos que traigo a diestra y siniestra y «la dejo ir» …?

Photo by Ron Lach on Pexels.com

¿Y si trabajo en todas mis resistencias y hago que bajen de intensidad y no existan?

Sin duda que dejaré de gastar energías preciosas en mi vida… y demasiado tiempo desperdiciado lastimosamente …

¿Y si dejo a mi creador, a mi padre que es todo poderoso, todo amoroso hacer en mi y conmigo todo lo que más convenga? ¿Lograremos co-crear algo fantástico?

Sin darse cuenta, el peregrino había llegado a la cima de esta última cuesta de esta gran montaña. Estaba sereno, estaba contento, estaba disfrutando cada paso y cada bocanada de aire fresco que respiraba.

Photo by Pixabay on Pexels.com

¿Y si así vivía lo que le quedaba de vida?

Confiando, soltándose, abandonándose… trabajando juntos …

A partir de ese momento, su camino cambió radicalmente. Era como si hubiera desatado una fuerza poderosa y maravillosa que estaba dentro de él.

Photo by Quang Nguyen Vinh on Pexels.com

Era como haberse liberado de alguna manera de sí mismo y haberle permitido a su parte verdadera, a su parte divina, aparecer y  hacer que su vida y la de los demás brillara de verdad.

Con cariño deseo que el abandono llegue pronto a nuestras vidas…

Saludos,

Jorge Oca

Deja un comentario