Oscar y Lalo nacieron de la misma madre sólo con minutos de diferencia. Después de haber estado pegados durante casi nueve meses, salieron a un mundo en donde se encontraron con realidades muy diferentes. Un tema familiar por demás lamentable los separó a días de haber nacido y por azares del destino no se volvieron a reencontrar sino hasta 41 años después.
Oscar había formado una familia bonita, estable y amorosa. Había desarrollado un negocio exitoso que daba empleo a mucha gente. Era muy espiritual y servicial. La abundancia parecía perseguirlo y emanaba de su ser una energía amorosa, constante y sonante. Esa energía amorosa lo hacía querer, atender, escuchar, acompañar, perdonar, consentir y esperar. Parecía que el timón de su vida y su PROPÓSITO era vivir desde el amor.

Al emanar esa energía amorosa, lo que atraía era precisamente más de lo mismo. Atraía abundancia en el amor. Atraía amistades, atraía abundancia financiera, abundancia de salud. Era un muy buen ejemplo para muchos y no pocos habían empezado a operar desde este estado; el estado del amor. Sus vidas habían cambiado y mejorado notablemente. Habían tenido que esforzarse e imponerse a vivir en este estado, pero poco a poco lo habían logrado.
Lalo por su parte vivía la otra cara de la moneda. Su vida había corrido en otro sentido. Lalo operaba casi siempre desde el miedo. Sus estados emocionales normales eran de miedo, rencor, desesperanza, celos, envidia, juzgaba y en general sufría mucho. Su vida espiritual era muy pobre y normalmente era para quejarse, maldecir y reclamar. La energía que emanaba de manera intensa era negativa, de muy baja vibración y por lo mismo, el universo le concedía mucho más de lo mismo.
A veces mas que atraer temas negativos, sus conocidos veían como emitía y emanaba temas y energía negativos. Por supuesto que su salud era bastante mala, sus relaciones muy pobres y aunque de repente le echaba muchas ganas a sus asuntos, el vivir desde el miedo terminaba de echar a perder lo que a veces empezaba a lograr.

Algunas veces había empezado relaciones amorosas que tenían futuro y hasta se había sacado un buen premio en la lotería, sin embargo lo que emitía terminaba por acabar con lo bueno y empezaba a perder lentamente todo.
Oscar abrazaba con mucho amor a su hermano y lloraba de emoción por haberlo reencontrado de manera circunstancial. Podía sentir y ver la energía tan dolorosa que su hermano cargaba. Su cara estaba arrugada y triste. Sus hombros caídos, su cuerpo lastimado. Sentía al espíritu de su hermano suplicar por un poco de cariño y de amor. Pero veía esa coraza tan poderosa de miedo, resentimiento y dolor que traía cargando.
Lalo veía a su hermano gemelo y no podía creer lo que sentía. Era como verse en una versión completamente diferente. Como si estuviera viendo su mejor versión. Lo veía sano, guapo y rozagante. Como que le brillaban los ojos. Sentía una energía amorosa que francamente le daba envidia y coraje de los buenos. ¿Cómo era posible que a él le hubiera tocado vivir así? ¿Cómo era posible que Dios le hubiera mandado a él esa vida y a su hermano la otra? ¡Qué injusta es la vida!

Supongo que tenemos la libertad de vivir la vida de Oscar o la de Lalo que decidamos vivir. El vivir desde el amor o desde el miedo. Nuestra intención cada día puede ser la una o la otra. Es nuestra decisión como vivamos y las consecuencias de nuestra decisión se presentarán sin más. ¿Costará trabajo cambiar de una a la otra? ¿Costará trabajo permanecer? De eso se trata la vida, de estar conscientes de decidir y de permanecer.
Abrazo a todos los Oscares de esta vida y mucho ánimo a los Lalo´s… Tu gemelo anda esperando aparecer y permanecer.
¡Hazlo brillar!
Con cariño,
Jorge Oca.
Jesús Martí
Muy cierto!
La visión negativa de nosotros y del mundo, es el orígen del autosabotaje.
Es la energía negativa que mueve nuestro motor en sentido inverso y nos aleja de lo que deseamos.
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